El Reino Unido vuelve a vivir bajo la sombra del terrorismo islamista. El ataque del pasado jueves contra la Sinagoga de la Congregación Hebrea Heaton Park, en Manchester, ha sacudido al país y reavivado los temores de los servicios de inteligencia, que advierten desde hace meses de una «radicalización lenta» vinculada al conflicto en Gaza, según alerta Bloomberg.
El agresor, Jihad Al-Shamie, británico de origen sirio, arremetió con un vehículo contra el templo durante la festividad de Yom Kippur antes de apuñalar a varios fieles. Fue abatido por la policía. Se trata del atentado doméstico más grave desde 2020 y, según los investigadores, el símbolo de un fenómeno que se expande sin control: jóvenes nacidos en Reino Unido que adoptan ideologías islamistas extremas alimentadas por redes sociales y la propaganda de Hamás.
El director del MI5, Ken McCallum, lo advirtió con crudeza: «Somos plenamente conscientes del riesgo de que los acontecimientos en Medio Oriente desencadenen acciones terroristas en Reino Unido». Sus palabras se confirman hoy. El Servicio de Seguridad calcula que tres cuartas partes de la actividad antiterrorista está relacionada con el islamismo radical.
La policía ha detenido a seis personas por presunta colaboración con Al-Shamie y mantiene abierta una investigación sobre posibles vínculos con redes de propaganda en línea. El atacante no estaba en el radar de los programas antiterroristas del Gobierno, aunque estaba siendo investigado por un delito de violación. La secretaria del Interior, Shabana Mahmood, ha reconocido que el agresor no había sido incluido en el programa Prevent, diseñado para evitar la radicalización.
El atentado llega en un contexto social enrarecido. Las manifestaciones pro-palestinas se multiplican en Londres, Birmingham y Manchester, con pancartas abiertamente antisemitas y enfrentamientos con la policía. El propio primer ministro laborista, Keir Starmer, que hace apenas un mes reconoció al Estado palestino, prometió más protección para la comunidad judía, pero la oposición le acusa de debilidad ante el extremismo islamista.
Analistas del Ministerio del Interior advierten que grupos como Al-Qaeda y el Estado Islámico-Provincia de Jorasán (ISKP) están usando la guerra en Gaza para reactivar sus redes en Europa. En palabras del exsecretario del Gabinete británico, Simon Case, «viviremos durante años con las repercusiones en línea del ataque de Hamás y la respuesta israelí. El enemigo está en casa».
El atentado de Manchester ha dejado claro que el peligro ya no se encuentra en los desiertos de Siria ni en las montañas de Afganistán, sino en las calles británicas. Reino Unido enfrenta, otra vez, una guerra que se libra dentro de sus propios barrios.