
Un inmigrante afgano de 29 años ha sido condenado a seis años de prisión por apuñalar al azar a una profesora de 27 años en plena vía pública, a mediodía, en la localidad alemana de Kirchheim unter Teck, un ataque que estuvo muy cerca de acabar en tragedia.
El agresor, que negó los hechos durante el juicio, fue identificado gracias a las pruebas de ADN halladas en la ropa de la víctima, además de al cuchillo que llevaba consigo cuando fue detenido. La investigación permitió reconstruir que el hombre se acercó por la espalda a la docente mientras regresaba a su domicilio tras la jornada laboral, la sujetó por el cuello y la atacó con un arma blanca de casi diez centímetros de hoja.
La mujer recibió cuatro puñaladas en la espalda y dos en el muslo antes de comenzar a gritar pidiendo auxilio. Fue entonces cuando el agresor se dio a la fuga. A pesar de la violencia del ataque, el tribunal de Stuttgart descartó el intento de asesinato al considerar que la huida del acusado constituía una «retirada voluntaria» del delito, un criterio jurídico que redujo de forma decisiva la gravedad de la condena.
Esta interpretación se apoya en una controvertida figura del derecho penal alemán que permite rebajar la calificación si el acusado desiste de continuar la agresión. Según esta doctrina, sólo cuando el atacante cree haber hecho todo lo necesario para provocar la muerte debe ejecutar un «contraacto» real para salvar a la víctima. En este caso, el tribunal entendió que, al detenerse y marcharse, el acusado habría renunciado a su intención homicida, aunque no prestó ayuda alguna.
La sentencia ha generado comparaciones con otro caso reciente en Alemania, el de la alcaldesa socialdemócrata Iris Stalze, que fue brutalmente agredida por su hija adoptiva hasta quedar al borde de la muerte. En aquel episodio, también se aplicó este mismo criterio legal de «retirada», una decisión que fue duramente cuestionada por juristas.
La profesora sobrevivió al ataque y fue dada de alta tres días después del hospital, ya que las heridas, aunque graves, no pusieron en riesgo su vida ni dejaron secuelas físicas permanentes. Sin embargo, el impacto psicológico ha sido devastador. Tras el suceso, declaró que ya no puede salir sola a la calle, que se siente sin fuerzas y que su movilidad se ha visto seriamente afectada por el miedo. “Mi vida ha cambiado por completo”, resumió.
El acusado llegó a Europa en 2018 tras huir de Afganistán y pasó por varios países antes de recalar en Alemania. Estuvo brevemente en territorio alemán en 2023, lo abandonó y regresó más tarde para solicitar asilo. No dispone de estudios reglados ni de formación profesional acreditada y subsistía gracias a ayudas sociales.
Su detención se produjo después de que asaltara una sucursal bancaria fuera del horario de atención al público y se llevara una pequeña cantidad de dinero. Fue durante esa intervención cuando la Policía descubrió que su ADN coincidía con el del autor del apuñalamiento de la profesora.
Además de los seis años de cárcel por el ataque con arma blanca, el tribunal le ha impuesto una pena adicional de un año y medio de prisión por los robos cometidos en el banco.