
Francia afronta el inicio de la campaña navideña con dispositivos de seguridad reforzados en mercadillos y celebraciones públicas tras la advertencia del Ministerio del Interior, que sitúa el nivel de alerta terrorista en un punto «muy elevado». La orden, remitida hace una semana por el ministro Laurent Núñez a los prefectos, afecta de manera especial a los mercadillos del este del país, como el de Reims, y se traduce en controles exhaustivos de acceso, presencia policial visible y limitaciones de circulación para prevenir atentados durante unas fechas marcadas por grandes concentraciones de personas.
En el mercadillo navideño de Reims, la aplicación de estas medidas resulta evidente desde el primer momento. El control de seguridad incluye cacheos individuales y revisión minuciosa de bolsos y mochilas. Cuatro vigilantes, apostados bajo un toldo, gestionan el acceso en una escena que evoca los años más duros del terrorismo yihadista en Francia, cuando el plan Vigipirate formaba parte del día a día.
Las entradas al recinto se encuentran protegidas por bolardos y vallas, y el personal intenta mantener un flujo constante para evitar aglomeraciones. El objetivo pasa por combinar rapidez y eficacia sin relajar un nivel de seguridad que Interior considera imprescindible en este tipo de espacios.
Los servicios de inteligencia franceses identifican dos factores clave que convierten estos mercadillos en objetivos sensibles. Además de la elevada afluencia de público, se trata de lugares con un fuerte valor simbólico vinculado a la Navidad, un elemento que incrementa el riesgo. El recuerdo del atentado de 2018 en el mercadillo de Estrasburgo, que dejó cinco muertos, sigue muy presente en la memoria colectiva, al igual que el ataque registrado el año pasado en Magdeburgo, Alemania, con seis víctimas mortales.
En su comunicación a las fuerzas de seguridad, Núñez subraya que la Navidad concentra actos locales, regionales y nacionales que reúnen a miles de personas. Ante esa realidad, Interior reclama medidas excepcionales, que incluyen prohibiciones específicas, restricciones de establecimiento y controles reforzados de acceso. En el este de Francia, estas directrices implican también el uso de drones de vigilancia y tecnologías complementarias, que se suman a las patrullas terrestres.
Aunque las autoridades descartan desde hace tiempo una amenaza directa de grandes organizaciones terroristas islamistas internacionales, los riesgos no han desaparecido. El Ministerio del Interior ha detectado indicios relevantes de propaganda islamista internacional orientada a radicalizar a individuos aislados mediante discursos de odio, con una especial insistencia en ataques contra celebraciones cristianas y judías.
Los mercadillos no son el único foco de preocupación. Algunos eventos han sido cancelados para reducir riesgos. En París, la tradicional celebración de Nochevieja en la Avenida de los Campos Elíseos se mantendrá, pero sin el habitual concierto de fin de año. La Prefectura de Policía solicitó su cancelación para evitar grandes concentraciones, una decisión aceptada por la alcaldesa Anne Hidalgo, pese a que el Ayuntamiento propuso repetir el formato de los dos años anteriores.
La noche del 31 de diciembre suele congregar hasta un millón de personas en la avenida y sus calles adyacentes. En la edición del año pasado, el dispositivo de seguridad incluyó 6.000 policías y gendarmes. Aunque el concierto se elimina este año, París conservará los fuegos artificiales, acompañados de un importante refuerzo policial.
Según Le Figaro, desde 2019 se han abierto 429 causas por actos de naturaleza yihadista en Francia. De ellas, 51 se detectaron este año, coincidiendo con el décimo aniversario de los atentados del 13 de noviembre de 2015 en París, que dejaron 130 muertos. Los servicios de inteligencia advierten de la actividad de grupúsculos islamistas que se consideran «cruzados» de su causa y que siguen señalando a Francia y a otros países europeos como objetivos prioritarios.