
Ni las cámaras de vigilancia ni la protección estatal alrededor de la residencia del primer ministro evitaron la escena que hoy sacude a Polonia: el coche de Donald Tusk, un Lexus perteneciente a su familia, fue robado de madrugada frente a su casa en Sopot y localizado horas después en un aparcamiento de Gdańsk.
El sospechoso, un hombre de 41 años con antecedentes por fraude y delitos violentos, no contaba con que la policía lo seguía de cerca. Fue arrestado el sábado a primera hora en el aeropuerto de Gdańsk, justo antes de embarcar en un vuelo con destino a Bulgaria. «La detención fue dinámica y sin resistencia», informó la portavoz policial Karina Kamińska.
El episodio ha dejado al descubierto un fallo gravísimo: la residencia de Tusk, en Sopot, está bajo la custodia del Servicio de Protección del Estado (SOP), la misma unidad que vela por su vivienda oficial en Varsovia. Sin embargo, el vehículo, aparcado en la vía pública, se convirtió en blanco fácil.
Un oficial del SOP, citado por la prensa local, lo resumió con crudeza: «No tenemos obligación formal de proteger propiedades en la calle, pero un coche de un VIP nunca pasa inadvertido. Esto exigirá una investigación interna».
El detenido ha sido imputado por robo con allanamiento y hurto de vehículo, así como por sustracción de documento oficial, ya que se llevó consigo el certificado de registro. Las penas oscilan entre 1 y 10 años de cárcel. El hombre se ha declarado inocente y se ha negado a dar explicaciones.
La prensa polaca califica el robo como «escandaloso y humillante», no sólo porque afecte al primer ministro en persona, sino porque muestra hasta qué punto la criminalidad puede desafiar al Estado. En Sopot, el balneario elegante del Báltico donde Tusk suele descansar, los vecinos no hablan de otra cosa: «Si al primer ministro le roban el coche en la puerta de casa, ¿qué nos queda al resto?», se preguntaba un residente citado por Super Express.
El suceso se produce en un momento de elevada tensión política en Polonia, donde la oposición acusa al Gobierno de Donald Tusk de debilidad (gobierno socio del PP en Bruselas) y de perder el control de la seguridad. Este robo, cometido a plena vista y en la zona más custodiada del país, se ha convertido en símbolo de ese malestar.