El Gobierno globalista del primer ministro Donald Tusk en Polonia enfrenta un terremoto político después de que saliera a la luz que parte de los fondos europeos para la recuperación tras la pandemia se destinaron a gastos tan insólitos como un club de intercambio de parejas, una cadena de bares de vodka, yates y una pizzería con solárium.
La revelación, publicada por el propio Ejecutivo en un portal de «transparencia» para mostrar el destino de las ayudas, ha sido denunciada por el partido Ley y Justicia (PiS), que no ha dudado en calificarlo como «uno de los mayores escándalos desde 1989».
El programa HoReCa, dotado con 1.200 millones de zlotys (unos 282 millones de euros) y financiado por el plan de recuperación de la UE, pretendía apoyar a hoteles, restaurantes y negocios culturales golpeados por el covid. Sin embargo, el mapa interactivo habilitado por el Gobierno expuso que el dinero sirvió también para la compra de dos yates por un restaurador de Łódź, maquinaria en una dirección coincidente con un club de intercambio de parejas y la expansión de bares de vodka bajo la etiqueta de «diversificación empresarial».
El PiS ha convertido el caso en un ariete contra Tusk, prometiendo inspecciones parlamentarias y llevar el asunto a la Fiscalía para «seguir cada vínculo, dependencia y cadena de decisiones». Aunque las autoridades intentan matizar que muchas de estas operaciones se ajustaban a las reglas negociadas en 2021 —bajo el anterior gobierno—, la indignación pública crece. El propio Tusk, consciente del daño, ha prometido «tolerancia cero» con el despilfarro: «Hemos luchado demasiado por desbloquear estos fondos como para permitir que se malgasten», escribió en X, anunciando auditorías y consecuencias.
El ministerio responsable de los fondos está en manos de Polska 2050, socio de coalición clave liderado por el presidente del Parlamento, Szymon Hołownia. La polémica, sumada a tensiones internas y a la reciente derrota del candidato de Tusk en las elecciones presidenciales, refuerza la narrativa de un Ejecutivo debilitado, incapaz de controlar el gasto y de garantizar que los miles de millones de Bruselas se usen en lo que fueron concebidos.
Para la oposición, el escándalo de los fondos covid en yates, bares de vodka y un club de intercambio es la prueba definitiva de que Tusk no sólo gestiona mal, sino que permite un uso frívolo y vergonzoso del dinero público, financiado por todos los europeos.