Un inmigrante iraquí con orden de deportación ha asesinado a una exiliada ucraniana de 16 años en Alemania al arrojarla a las vías del tren. El crimen ha conmocionado al país y abre la posibilidad de que el autor eluda la cárcel si se le considera inimputable por problemas psiquiátricos.
La víctima, Liana, volvía a casa tras sus clases de formación como auxiliar dental cuando un grupo de extranjeros comenzó a seguirla. Asustada, llamó a su abuelo para pedir ayuda. «Me siguen y tengo miedo», alcanzó a decir. Lo último que él escuchó al otro lado de la línea fue un grito desesperado de su nieta.
En un primer momento, la versión oficial apuntó a un suicidio. Los medios locales y la propia policía transmitieron que la joven se había arrojado voluntariamente al tren. La familia rechazó esa hipótesis de inmediato y reclamó una investigación exhaustiva.
Las pesquisas confirmaron más tarde lo que sus allegados temían: no fue un acto voluntario, sino un homicidio. El sospechoso, un iraquí que llevaba tiempo pendiente de ser expulsado del país, habría empujado a la adolescente a las vías justo en el momento en que pasaba un convoy.
El detenido no ha ingresado en prisión, sino en una clínica psiquiátrica, donde expertos evalúan su estado mental. El proceso judicial ahora se centra en determinar si puede ser considerado penalmente responsable o si será declarado enfermo mental, lo que le permitiría esquivar la condena de cárcel.
Mientras tanto, la indignación pública crece no sólo por la brutalidad del asesinato, sino también por el hecho de que el agresor continuara en territorio alemán a pesar de existir una orden de deportación vigente.