Un inmigrante kazajo de 19 años ha sido detenido en Lublin (Polonia) después de agredir presuntamente a un paramédico en el servicio de urgencias de un hospital. El joven había sido trasladado al centro sanitario durante la noche del 6 al 7 de junio tras ser localizado en el centro de la ciudad bajo los efectos del alcohol.
Según informó la policía, el arrestado presentaba una tasa superior a 1,5 ml de alcohol en sangre, por lo que fue llevado al hospital para ser atendido. En un primer momento, de acuerdo con el testimonio del sanitario afectado, el paciente respondió a las preguntas del personal, facilitó sus datos y colaboró durante la asistencia inicial.
La situación cambió cuando el paramédico comenzó la exploración médica. El trabajador relató que estaba tomándole la tensión y preparándose para realizar un electrocardiograma cuando, al inclinarse sobre el paciente, se le salió de la ropa una cadena con una cruz. En ese momento, el joven se levantó y le golpeó con fuerza en el cuello.
El sanitario, que pidió mantener el anonimato, explicó al diario Kurier Lubelski que el ataque fue inesperado y que el agresor empezó después a gritar consignas relacionadas con el cristianismo y el islam. Ante el comportamiento del paciente, el personal del hospital avisó a seguridad y posteriormente intervino la policía.
Según el relato del paramédico, el joven aseguró inicialmente que no hablaba polaco, aunque después se expresó en ese idioma. También afirmó que estaba siendo retenido y, con la llegada de los agentes, su conducta se volvió todavía más alterada. En un momento dado, comenzó a rezar y a lanzar proclamas religiosas.
Tras ser examinado por un médico, se determinó que no presentaba lesiones que exigieran ingreso hospitalario. Posteriormente, fue trasladado a un centro de desintoxicación. Una vez recuperado de la embriaguez, la Policía Municipal de Lublin le atribuyó un delito de agresión contra un paramédico.
El subinspector Kamil Gołębiowski, portavoz de la Policía Municipal de Lublin, confirmó que los agentes detuvieron de inmediato al joven y que se activaron los trámites para expulsarlo del país. La Guardia Fronteriza aceptó la solicitud para obligarle a abandonar Polonia y prohibirle la entrada en el espacio Schengen durante cinco años.
El paramédico agredido advirtió de que las agresiones al personal sanitario se están volviendo cada vez más habituales, especialmente durante los fines de semana y en turnos con presencia frecuente de personas bajo los efectos del alcohol o de otras sustancias. A su juicio, estas situaciones aumentan la presión sobre los profesionales y deterioran la seguridad en los centros médicos.
En Polonia, agredir físicamente a un funcionario público durante el desempeño de sus funciones, o en relación con ellas, puede acarrear penas de hasta tres años de prisión.