
Un pequeño pueblo del condado inglés de Oxfordshire ha protagonizado una insólita rebelión contra la política migratoria del Gobierno británico. Los vecinos de Piddington han votado simbólicamente a favor de independizarse del Reino Unido como protesta contra los planes de Londres para alojar hasta 1.256 solicitantes de asilo varones en una antigua instalación militar situada junto a la localidad.
El resultado fue abrumador. De los 312 votos depositados, 285 respaldaron abandonar simbólicamente el Reino Unido, 26 se pronunciaron en contra y una papeleta fue declarada nula.
Piddington cuenta con apenas unos 350 habitantes, por lo que la participación convirtió la consulta en una manifestación prácticamente generalizada del rechazo vecinal al proyecto impulsado por el Ministerio del Interior. «Somos Piddington, el pueblo que ruge», proclamó Susannah Parden, vicepresidenta del consejo parroquial, al anunciar el resultado.
El Gobierno laborista pretende utilizar las instalaciones del antiguo MoD Bicester, situadas entre Piddington y las localidades de Upper y Lower Arncott, para alojar a un máximo de 1.256 hombres solicitantes de asilo.
La cifra supone más de tres veces la población completa de Piddington. El proyecto forma parte de los planes del Ejecutivo para trasladar inmigrantes fuera de los hoteles utilizados actualmente como alojamiento y concentrarlos en instalaciones de mayor capacidad.
Los vecinos denuncian que la decisión ha avanzado sin una consulta adecuada a la comunidad y temen las consecuencias que una concentración de esa magnitud pueda tener sobre la seguridad, los servicios públicos y la vida cotidiana del municipio.
La secretaria de Cultura británica, Lisa Nandy, ha dejado claro, sin embargo, que el Gobierno no tiene intención de retirar el proyecto. La dirigente laborista ha defendido que otras comunidades ya han asumido una fuerte carga migratoria y ha asegurado que sería «profundamente injusto» trasladarles todavía más solicitantes de asilo.
La oposición al centro ha adquirido una especial intensidad entre las mujeres de Piddington. Más de 130 residentes han remitido una carta a todas las diputadas del Parlamento británico para advertir de las consecuencias que, a su juicio, tendrá instalar junto al municipio un complejo habitado por más de un millar de hombres.
«Nuestra seguridad, nuestra protección y nuestras libertades estarán amenazadas», señalan en el documento. Las firmantes aseguran que dejarán de sentirse seguras caminando por las calles de su propio pueblo si el proyecto sale adelante.
«La vida tal y como la conocemos será destruida», han advertido algunas residentes. La preocupación no procede únicamente de los vecinos. Representantes políticos locales y organizaciones dedicadas precisamente a ayudar a solicitantes de asilo han criticado también la ubicación elegida.
La asociación Asylum Welcome ha advertido de que el emplazamiento está demasiado alejado de los servicios que necesitan los residentes del centro y que podría generar una presión adicional sobre infraestructuras públicas ya limitadas.
El referéndum no tiene efecto jurídico alguno y Piddington seguirá formando parte del Reino Unido. Sus organizadores nunca ocultaron su carácter simbólico. El objetivo era atraer la atención del Gobierno y convertir el pequeño municipio de Oxfordshire en un ejemplo de la creciente resistencia local frente a las decisiones migratorias adoptadas desde Londres.
«Es decepcionante que hayamos tenido que hacer algo tan drástico y desesperado para conseguir la atención del primer ministro», ha señalado la vecina Christina Gower. La residente considera que la protesta se ha convertido en «un símbolo para el resto del Reino Unido».
El presidente del consejo parroquial, Tim McNally, defendió igualmente la consulta como «un ejemplo de democracia en funcionamiento». «Entramos en este ayuntamiento siendo los desfavorecidos, con una idea atrevida. Hemos enviado un mensaje al mundo», afirmó.
Los vecinos han llevado la protesta incluso al terreno de la sátira política. Tras conocerse el resultado apareció a la entrada del pueblo un cartel proclamando el «Principado de Piddington», y algunos concejales locales ya bromean con la posibilidad de elegir dirigentes propios y emitir documentos de identidad.
El modelo confesado es el Principado de Sealand, la antigua plataforma militar situada frente a las costas inglesas que se autoproclamó territorio independiente en 1967.
Sin embargo, detrás de la teatralidad existe una reivindicación política muy concreta. Los impulsores de la consulta esperan que otras localidades británicas enfrentadas a proyectos similares imiten la estrategia para presionar al Gobierno.