Un policía de Bonn (Alemania) ha desvelado su malestar por la forma en que se registran los delitos cometidos por inmigrantes y personas con doble nacionalidad en el país. Con tres décadas de experiencia en patrullas, asegura que desde 2015 ha visto un aumento notable de infractores extranjeros, especialmente en casos de violencia callejera y agresiones sexuales en espacios públicos. Sin embargo, lamenta que en los partes oficiales muchas veces se omite su origen y únicamente se habla de «hombres», algo que considera engañoso y que, según él, mina la confianza ciudadana en las instituciones.
El agente, al que llamaremos Bernd, relató que en los informes diarios de situación al menos seis de cada diez sospechosos tenían antecedentes migratorios, una cifra que no coincide con las estadísticas nacionales, donde los extranjeros representan un 35,4% de los investigados y casi un 40% en delitos violentos. La diferencia, explicó, se debe a que los ciudadanos con doble pasaporte son contabilizados sólo como alemanes en el sistema policial, a pesar de que en muchos casos, afirma, mantienen vínculos culturales y lingüísticos muy alejados del país. «Me piden que los registre como alemanes aunque hablen árabe y me insulten llamándome ‘alemán de mierda’. Eso me hace sentir como si estuviera falseando la realidad», lamentó.
Bernd describió también episodios de falta de respeto en intervenciones rutinarias, como jóvenes que lo escupen o que ridiculizan a sus compañeras, especialmente a las agentes mujeres. Al confrontarlos, recuerda que a menudo recurren a acusaciones de racismo para intentar deslegitimar la actuación policial. «Los chavales saben que esa palabra tiene peso y la usan como arma», explica. Aun así, insiste en que no todos los inmigrantes «generan problemas» y subraya que no habla con rencor, sino desde la preocupación por lo que observa en su día a día.
El debate sobre cómo registrar las nacionalidades de los delincuentes ha llegado incluso al plano político. El ministro del Interior de Renania del Norte-Westfalia, Herbert Reul (CDU), anunció hace unos días que, en adelante, en esa región se anotarán todas las nacionalidades de los sospechosos en las estadísticas oficiales. Hasta ahora, el formulario policial obligaba a colocar la nacionalidad alemana en primer lugar, en el caso de quienes tuvieran doble ciudadanía, lo que provocaba que muchos delitos quedaran clasificados de manera engañosa.
El propio Bernd explicó cómo le devolvieron expedientes cuando trató de consignar primero la nacionalidad no alemana de algunos sospechosos. Sus superiores le ordenaron corregirlos para que figuraran como alemanes, una práctica que califica de «hacer la vista gorda». El agente asegura que esa manera de ocultar información no sólo genera frustración entre los policías, sino que también alimenta la desconfianza de la sociedad hacia los datos oficiales y hacia los medios que los reproducen.
Las cifras del Ministerio del Interior muestran que en 2024, uno de cada seis sospechosos con pasaporte alemán disponía también de otra nacionalidad. Esto resulta llamativo, dado que la proporción de personas con doble ciudadanía apenas alcanza entre un 3% y un 10% de la población total. Para Bernd, ese desequilibrio es una prueba de que se necesita una mayor transparencia a la hora de analizar la delincuencia.