
Shahid Butt, condenado por terrorismo islamista y encarcelado por su participación en un complot armado, se ha presentado como candidato a las elecciones municipales de mayo en Birmingham, donde asegura que su objetivo es «frenar a la extrema derecha».
Según ha informado GB News, Butt, de 60 años, fue condenado en 1999 a cinco años de prisión por planear ataques terroristas contra el consulado británico, una iglesia anglicana y un hotel de propiedad suiza en Yemen. La Fiscalía sostuvo entonces que la célula terrorista actuaba bajo las órdenes del predicador islamista Abu Hamza, posteriormente condenado en Estados Unidos, y cuyo hijo figuraba entre los implicados en la misma causa.
Pese a ese historial, Butt concurrirá a los comicios del próximo 7 de mayo como candidato a Birmingham City Council, en el distrito de Sparkhill, integrado mayoritariamente por población de origen pakistaní. Lo hará bajo las siglas de la Independent Candidates Alliance, una plataforma activista que aspira a presentar alrededor de 20 candidatos en la ciudad.
La candidatura se produce en un contexto de tensión política en barrios musulmanes tradicionalmente afines al Partido Laborista, especialmente por la posición del partido sobre el conflicto en Oriente Medio. Los promotores de la alianza buscan capitalizar ese malestar para disputarle escaños a laboristas en zonas consideradas vulnerables.
La reacción no se ha hecho esperar. En redes sociales y medios británicos han arreciado las críticas por permitir que un terrorista condenado aspire a un cargo público, señalando además sus declaraciones pasadas, en las que instaba a jóvenes musulmanes a entrenarse para la violencia. En una de las grabaciones difundidas, Butt afirmaba: «Los musulmanes no somos pacifistas. Si alguien se te pone delante, le rompes los dientes».
El pasado noviembre, antes de un partido europeo del Aston Villa contra el Maccabi Tel Aviv, Butt llamó a movilizarse contra aficionados israelíes, a los que calificó de «asesinos de bebés del IDF», alertando de supuestas profanaciones de la ciudad. Las imágenes de aquellas protestas muestran a Butt arengando a la multitud con mensajes explícitos de confrontación física.
Aunque sigue negando su condena por terrorismo —asegurando que su confesión fue obtenida bajo tortura y que las pruebas fueron manipuladas—, Butt sí reconoce un pasado violento, que justifica por el racismo sufrido durante su juventud en Birmingham. Antes de su condena en Yemen, ya había cumplido penas de prisión en el Reino Unido y había sido vinculado a la banda Lynx, implicada en enfrentamientos callejeros durante los años ochenta.
Para sus defensores, ese historial le otorga «credibilidad» en el barrio. «No tengo un título universitario, pero tengo un doctorado en la vida», ha llegado a declarar. Para sus detractores, en cambio, la normalización política de figuras con antecedentes terroristas supone un escándalo institucional.
Desde el ámbito político, el concejal de Reform UK Russell Quirk ha advertido en GB News de que una condena por terrorismo debería inhabilitar automáticamente para concurrir a elecciones. «No se puede permitir que alguien con ese pasado represente a los ciudadanos», subrayó.