Una abuela cristiana de origen alemán murió mediante el procedimiento canadiense de asistencia médica para morir (MAiD) en una residencia de Ontario (Canadá) después de haber mostrado, según denuncia su nieta, serias dificultades para comprender lo que implicaba la eutanasia. La familia cuestiona ahora si la mujer, Brigitte Stegemann, de 83 años, reunía realmente las condiciones necesarias para prestar un consentimiento válido y ha pedido que se esclarezcan las circunstancias de su muerte.
Su nieta y cuidadora durante años, Brigitte Kranendonk, sostiene que apenas 48 horas antes del procedimiento mantuvo con ella una conversación en términos explícitos. «¿Sabes que vas a morir el viernes?», le preguntó. Según su relato al Daily Mail, Stegemann rompió entonces a llorar durante unos 45 minutos y llegó a exclamar: «He cometido un error».
Kranendonk afirma que aquella reacción reforzó unas dudas que ya habían aparecido durante las evaluaciones previas. Asegura que su abuela, cuyo idioma materno no era el inglés y que además tenía problemas auditivos y deterioro cognitivo, contestó incorrectamente a varias preguntas destinadas a valorar sus capacidades. Entre otras cosas, habría asegurado que ninguno de sus hermanos seguía vivo, pese a que dos de ellos todavía vivían.
La mujer había ingresado aproximadamente un año y medio antes en la residencia The Pearl, situada en Cannifton, después de que empeorara su estado físico y cognitivo. En febrero le diagnosticaron cáncer de estómago en estadio IV, aunque, según la versión de la familia, los médicos manejaban entonces un pronóstico que podía oscilar entre unos seis meses y dos años.
Su nieta asegura que inicialmente habló con ella sobre las distintas alternativas existentes, incluida la muerte médicamente asistida. Según Kranendonk, la respuesta de su abuela fue entonces inequívoca: «No, no quiero eso». La familia atribuye parte de aquella negativa a sus profundas convicciones cristianas y a su rechazo religioso a poner fin voluntariamente a su vida.
La situación cambió durante un viaje de diez días que Kranendonk realizó con su marido en junio. El 3 de julio recibió una llamada desde la residencia comunicándole que se estaba preparando una evaluación para determinar si Stegemann podía acogerse al MAiD. Al regresar descubrió que ya se había celebrado una primera consulta sin su presencia, algo que asegura que le causó una profunda preocupación.
Kranendonk estuvo presente durante una segunda evaluación y cuestiona la forma en la que, según ella, se explicó el procedimiento a su abuela. Sostiene que el médico empleó expresiones como que recibiría una medicación para sentirse «en paz» y que «no volvería a sentir dolor», en lugar de explicarle de manera suficientemente directa que el resultado sería su muerte. Esta es la versión de la nieta y no consta en la información aportada una respuesta pública de los profesionales implicados.
También cuestiona el examen realizado para determinar la capacidad de decisión de Stegemann. Según su relato, algunas preguntas versaban sobre datos familiares que los evaluadores no podían comprobar inmediatamente. Después de que le pidieran abandonar la habitación, asegura que apenas unos minutos más tarde recibió la comunicación de que su abuela había sido considerada apta para acceder al procedimiento.
Stegemann murió el 10 de julio en la propia residencia. Kranendonk describe además complicaciones durante la preparación de la vía intravenosa y asegura que una enfermera realizó varios intentos antes de conseguir colocarla, provocando un abundante sangrado. La nieta sostiene igualmente que la sanitaria no llevaba guantes. Estas circunstancias forman parte de su denuncia y deberán ser contrastadas por las autoridades competentes.
La familia ha acudido ahora a diferentes organismos, entre ellos la Oficina del Médico Forense Jefe de Ontario, el organismo de defensa del paciente y la Policía de Belleville, para intentar determinar si el procedimiento cumplió todos los requisitos legales. Los profesionales sanitarios y la residencia no han ofrecido, según la información publicada, una explicación pública detallada, aunque se sostiene que Stegemann había otorgado el consentimiento legal necesario.
El caso vuelve a situar el foco sobre las garantías exigidas para acceder a la muerte médicamente asistida en Canadá. La denuncia de Kranendonk se centra fundamentalmente en una cuestión todavía pendiente de esclarecer: si su abuela comprendía plenamente que había aceptado un procedimiento destinado a causarle la muerte y si conservaba capacidad suficiente para consentirlo cuando se llevó a cabo.