Alemania empieza a perder a su propia generación. Un nuevo estudio revela que el 21% de los jóvenes alemanes de entre 14 y 29 años planea activamente abandonar el país en busca de un futuro mejor, mientras que hasta un 41% reconoce que contempla seriamente marcharse en el medio o largo plazo.
Los datos, recogidos en el informe Youth in Germany, reflejan una tendencia alarmante: el desarraigo de una juventud que ya no ve en su propio país un horizonte de prosperidad ni estabilidad. La encuesta, realizada a más de 2.000 jóvenes entre enero y febrero de 2026, confirma el creciente malestar generacional en el corazón de Europa.
Las razones son claras y estructurales. Alemania arrastra dos años de estancamiento económico, a lo que se suma un aumento sostenido del coste de la vivienda, la precarización de las oportunidades laborales y la incertidumbre generada por la automatización y la inteligencia artificial. Para muchos jóvenes, independizarse se ha convertido en un objetivo cada vez más inalcanzable.
Este fenómeno no es sólo económico, sino profundamente político y cultural. La incapacidad del sistema para ofrecer estabilidad, expectativas y arraigo está empujando a una generación entera a mirar fuera. Lo que durante décadas fue el motor de Europa empieza ahora a expulsar a su propio capital humano.