
El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, ha conmemorado en sus redes sociales los diez años del incidente fronterizo de Röszke de 2015, cuando un grupo de inmigrantes ilegales trató de irrumpir violentamente desde Serbia y se enfrentó a la policía antidisturbios. En su mensaje, el mandatario ha insistido en que aquel episodio marcó un punto de inflexión tanto para Hungría como para toda Europa.
Orbán ha recordado que, tras aquellos disturbios, su gobierno decidió levantar una valla en la frontera sur, cerrando el paso a la inmigración irregular y estableciendo que sólo quienes obtuvieran autorización de las autoridades nacionales podrían pisar suelo húngaro. «Ese día comprendimos que ni los reglamentos de Bruselas ni los acuerdos internacionales eran capaces de garantizar la seguridad de nuestras fronteras», escribió.
El líder conservador subrayó que la defensa del país no depende únicamente de leyes y tratados, sino también de disponer de infraestructura sólida y de personal con determinación. «Lo imprescindible es una valla y guardias valientes», ha afirmado, agradeciendo a policías, soldados y agentes de frontera la labor que desempeñaron el 16 de septiembre de 2015 y que —según él— siguen ejerciendo con la misma firmeza diez años después.
El mensaje fue compartido por Zoltán Kovács, secretario de Estado de Comunicación Internacional, quien resaltó que las imágenes de aquella jornada siguen grabadas en la memoria colectiva. «Cientos de inmigrantes intentaron atravesar la frontera meridional. Gracias a la valla y al coraje de nuestras fuerzas de seguridad, demostramos que era posible frenar la inmigración ilegal y enviar una señal clara a Europa», ha publicado en la red social X.
Orbán, además, ha lanzado una nueva advertencia a las instituciones comunitarias. «Podrán presionar, sancionar o promocionar cada cuatro años a sus candidatos preferidos, pero los húngaros no cederemos. ¡No pasarán!», ha proclamado.
Una década después de instaurar controles estrictos, el primer ministro sostiene que Hungría se ha convertido en uno de los estados más seguros del continente, con índices de criminalidad muy reducidos en comparación con otros países europeos.