La campaña de las elecciones presidenciales en Portugal entra en su fase decisiva marcada por un hecho político incontestable: André Ventura se ha convertido en el candidato a batir, hasta el punto de que socialistas y conservadores han activado una estrategia común de «voto útil» para frenar una eventual victoria del líder de CHEGA.
Lejos de ocultarlo, los principales aspirantes del sistema reconocen implícitamente que Ventura amenaza con romper el consenso político que ha dominado Portugal durante décadas. El socialista António José Seguro ha pedido abiertamente concentrar el voto en su candidatura para garantizar que en la segunda vuelta haya al menos un candidato «aceptable» para el establishment. El mensaje es claro: impedir que Ventura llegue con fuerza decisiva al 8 de febrero.
Desde Lisboa, Seguro llegó a describir el posible avance de CHEGA como una «pesadilla», utilizando un lenguaje alarmista que revela el temor real del sistema ante una derecha soberanista que conecta con amplias capas populares. Bajo la retórica de la «moderación» y la «defensa de la democracia», el socialismo portugués intenta blindar un modelo político cada vez más cuestionado por los votantes.
La misma lógica se repite en el campo liberal. El candidato João Cotrim de Figueiredo ha reclamado el voto útil no sólo contra Ventura, sino también contra el propio socialista, pidiendo al primer ministro conservador Luís Montenegro que intervenga para reordenar el tablero electoral. Todo vale con tal de cerrar el paso a CHEGA, incluso mientras el propio Cotrim de Figueiredo arrastra polémicas internas y acusaciones personales.
Desde el Partido Social Demócrata, el candidato Luís Marques Mendes también ha entrado en la dinámica de señalar a Ventura como «peligro», evidenciando que el miedo a CHEGA atraviesa todo el arco parlamentario tradicional, desde la izquierda hasta la derecha institucional.
Frente a este frente implícito del sistema, Ventura mantiene un discurso nítido y sin complejos, apelando al voto de la derecha y de los portugueses que rechazan la criminalización mediática y política de millones de ciudadanos. Con un 24% de intención de voto, lidera las encuestas y se sitúa por delante de Seguro, con la posibilidad real de disputar la presidencia desde una posición de fuerza.
«Estamos ante la lucha más simbólica de nuestro tiempo», ha afirmado Ventura, consciente de que su candidatura no es sólo electoral, sino cultural y política: soberanía frente a consenso, pueblo frente a élites, nación frente a un sistema agotado.
Incluso figuras independientes como el almirante Henrique Gouveia e Melo han apelado al voto útil para evitar el «riesgo» que, según ellos, representa CHEGA, confirmando que el verdadero temor no es el extremismo, sino el fin del monopolio político de siempre.