El Gobierno de José Antonio Kast ha ejecutado un nuevo vuelo de deportación de extranjeros en Chile, el tercero dentro de su plan de control y reordenamiento migratorio, con la expulsión de 80 personas de nacionalidad colombiana y boliviana.
Según informó la Policía de Investigaciones de Chile (PDI), la operación incluyó 20 expulsiones administrativas y 60 judiciales. De los 80 extranjeros expulsados, 32 mantenían antecedentes policiales.
El jefe nacional de Migraciones y Policía Internacional de la PDI, Ernesto León, detalló que entre los deportados había 58 ciudadanos colombianos y 22 bolivianos. Todos fueron escoltados uno a uno, lo que obligó a desplegar 80 agentes durante el operativo.
La expulsión fue presentada en una rueda de prensa conjunta junto al subsecretario de Interior, Máximo Pavez, y el director nacional de Migraciones, Frank Sauerbaum. Pavez precisó que el traslado se realizó en un vuelo comercial ocupado íntegramente por personas extranjeras expulsadas del país.
El subsecretario destacó que se trata de la primera vez desde la llegada de Kast al Gobierno en que se utiliza un vuelo comercial completo para ejecutar una operación de estas características. También subrayó que los tres vuelos realizados hasta ahora han permitido sacar del territorio chileno a 160 personas con destino a cinco países distintos.
«No hay antecedentes que registren esa cifra en los gobiernos anteriores», afirmó Pavez, quien sostuvo que la operación refleja la «voluntad inclaudicable» del Ejecutivo para cumplir el plan de reordenamiento migratorio anunciado por Kast durante la campaña.
El director nacional de Migraciones informó además de que, en lo que va de año, Chile ha concretado 780 deportaciones, de las cuales 683 han sido administrativas y 97 por vía judicial.
Sauerbaum también señaló un aumento de las salidas voluntarias del país, que ya alcanzan las 2.446 personas en 2026. De ellas, cerca del 90% corresponde a ciudadanos venezolanos.
La política migratoria se ha convertido en uno de los principales ejes del Gobierno de Kast, que llegó al poder con la promesa de recuperar el control de las fronteras, combatir la inmigración irregular y reforzar la seguridad interior en un país golpeado por el avance del crimen organizado, las redes extranjeras y la presión migratoria de los últimos años.