«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
«Las raíces cristianas de la cultura paraguaya son inconmovibles»

El presidente de Paraguay, Santiago Peña, en ‘Europa Viva 25’: «Mi país se ha erigido durante décadas como un inflexible guardián de los valores de Occidente»

El presidente de Paraguay, Santiago Peña. Europa Press

El presidente de Paraguay, Santiago Peña, ha participado en el evento organizado por por VOX ‘Europa Viva 25’ y ha elogiado la «enorme tarea que viene encabezando este valiente grupo de patriotas». «Ustedes entienden que estamos en medio de una gran batalla».

«Paraguay se ha erigido durante décadas como un inflexible guardián de los valores fundamentales de Occidente, del triunfo del bien sobre el mal, de la verdad sobre el relativismo, de la democracia sobre el autoritarismo, de la familia sobre el progresismo radical, de la libertad de mercado sobre el socialismo. Y por encima de todo, guiándonos siempre y en cada paso con su presencia imponente y triunfante, del Dios todopoderoso. Paraguay se ha adelantado desde siempre a defender lo que es correcto. No seguimos las modas, sino que nos imponemos sobre ellas. Por eso estoy convencido que Paraguay tiene mucho para decir (…). Mucho que enseñar a los patriotas de buena voluntad del mundo. Mi país nunca ha claudicado en la lucha por los verdaderos valores», ha manifestado.

«El Paraguay tiene mucho que aportar en la batalla por la verdad, la belleza y la justicia en el mundo«, ha agregado, antes de señalar que la historia del país revela «una defensa inquebrantable de los grandes valores de libertad, familia, tradición y Dios». «Muestra a un pueblo notablemente libre, celoso de sus tradiciones, porque el Paraguay fue forjado por una fusión extraordinaria de dos civilizaciones. El gran pueblo guaraní, incluso antes de la llegada de los españoles, portaba ya un sentido espiritual profundo y una apertura a la trascendencia a algo más grande que nosotros mismos. Esa apertura interior sentó las bases para una evangelización cristiana fructífera, conducida por las órdenes religiosas católicas, incluyendo ese experimento espiritual tan impresionante, el de las misiones jesuíticas del Paraguay. El impacto que han dejado es indeleble. Las raíces cristianas de la cultura paraguaya son inconmovibles. El tejido fundamental de nuestra sociedad está entramado por la creencia en la providencia divina, la sacralidad de la vida humana y el valor de la familia como cimiento de la sociedad. Paraguay siempre ha sido conservador en este sentido. En donde conservador es simplemente otro nombre para la verdad y el sentido común».

«Familia, familia y más familia. Es el secreto de una sociedad próspera y los paraguayos lo sabemos mejor que nadie. La fortaleza de la cultura, economía y sociedad paraguaya reside en esta convicción de proteger a la familia y el carácter sagrado de la vida, ambas consagradas en nuestra Constitución Nacional, lo que cristaliza cuán esenciales son estas creencias para todos los paraguayos. Mientras el Paraguay exista, habrá un pueblo que diga alto y fuerte al mundo no al aborto libre, no a las ideas alternativas de la familia y no a los experimentos sociales radicales. La tradición será respetada siempre, pero no como adoración de las cenizas, sino como la preservación del fuego verdadero». «La cultura de la muerte, denunciada por el gran Juan Pablo II, encontrará a su más frontal enemigo en mi país. El Paraguay es una nación celosa de sus valores y tradiciones. Es un país que ha luchado, no hoy, sino siempre, con sangre y lágrimas por lo que cree y lo seguirá haciendo».

«Hoy, queridos amigos, la libertad está amenazada también por una extraña, pero perversa ideología, el globalismo. Ese globalismo no busca la cooperación, sino que pretende imponer una forma única de pensar, una visión del mundo, desconectada de nuestra historia, nuestra cultura y nuestros valores. Busca imponernos, en otras palabras, un terrible infierno de lo mismo. Sabemos que una sociedad no puede sobrevivir sin verdad, que el matrimonio, la familia y la comunidad no son ideas obsoletas, son la esencia misma de nuestra sociedad. También la política exterior de Paraguay se guía no por intereses temporales, sino por principios verdaderos, por eso permanecemos tan firmemente junto a Israel contra las fuerzas del mal.

«Les imploro que no olviden nunca que el mal es real. El mal causa enorme sufrimiento, causa separación, causa división, causa muerte. Las ideologías perversas, los totalitarismos, son en este sentido crueles, son malvadas (…). La línea que separa al bien del mal atraviesa a cada corazón humano. Luchemos para que prevalezca siempre el bien en nuestros corazones, para que triunfen nuestros valores, nuestras tradiciones y nuestra bella civilización. Porque nuestros hijos y nietos valen la pena. Porque Occidente y sus valores superiores valen la pena. Y porque el mal, queridos amigos, no puede ni va a tener la última palabra», ha concluido.

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