Había nacido en La Seo de Urgel el 4 de septiembre de 1922 por lo que tenía 91 años. Nombrado obispo de Lérida por Pablo VI en 1968, Juan Pablo II le aceptó la renuncia en 1999, tras 31 años al frente de la diócesis ilerdense. 

Fue un obispo discreto al que le tocó vivir la separación diocesana de la Franja aragonesa que los excesos catalanistas habían hecho imposible que siguiera unida, como lo había estado siglos, al obispado catalán. No fue un progresista declarado ni un catalanista extremo. Defendió la integridad de la diócesis, cosa normal, y en el asunto de los bienes aragoneses también pretendió que permanecieran en Lérida pero eran momentos en los que se discutía la titularidad de los mismos. Fueron sus sucesores, Ciuraneta y Piris, y Salinas en su etapa de administrador apostólico aunque éste en menor grado, quienes envenenaron más una situación con maniobras que obstaculizaban la decisión inapelable de Roma.

Era el segundo obispo español más anciano, entre los que rigieron diócesis en España, hay uno misionero, Garygordóbil, que supera a todos en edad, ocupando ahora el segundo puesto, tras monseñor Iguacén, de 98 años, el que fuera auxiliar de Madrid, Alberto Iniesta.

El año 2014 está siendo trágico para los obispos eméritos españoles pues en los cuatro primeros meses, que todavía no han concluido, han fallecido el emérito de Almería, Álvarez Gastón (3 de febrero), el auxiliar de Barcelona, Tena Garriga (10 de febrero), el arzobispo de Valladolid, Delicado (17 de marzo) y ayer Malla. 

Descanse en la paz del Señor.

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