«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Las grandes economías emergentes ya no atienden a las advertencias de comisarios europeos

Bruselas y Londres hacen el ridículo en la COP30: el mundo rechaza su intento de forzar el fin de los combustibles fósiles

COP30 en Brasil.

La COP30 cerró este año en Belém con un acuerdo de última hora que, según lo ocurrido este martes, no satisfizo a nadie, tras amenazas de bloqueo y amagos de ruptura. La reunión, que volvió a reunir a decenas de miles de delegados, terminó sin la hoja de ruta vinculante para abandonar los combustibles fósiles que la UE y el Reino Unido exigían, y que otros países rechazaron frontalmente.

Desde el arranque de la cumbre era evidente el choque. Una minoría liderada por Londres y Bruselas, apoyada por algunos países iberoamericanos y varias islas del Pacífico, presionó para imponer un calendario obligatorio que fijara cómo y cuándo debía producirse la transición energética global. Alegaban que se trataba de desarrollar lo pactado de forma vaga en la COP28.

Sin embargo, la mayoría de Estados se negó en redondo. Aunque algunos señalaban a los productores árabes, fueron China e India, secundadas por numerosos países asiáticos y africanos que dependen de los combustibles fósiles para sacar a su población de la pobreza, quienes desmontaron la propuesta. Su mensaje fue claro: no sacrificarán su desarrollo por la presión occidental.

La situación llegó al esperpento cuando la UE y el Reino Unido enviaron una carta al presidente de la COP advirtiendo de que bloquearían cualquier acuerdo que no incluyera el compromiso firme de eliminar los combustibles fósiles. La Presidencia ni se inmutó: presentó un texto final en formato «tómalo o déjalo». Y Londres y Bruselas, obligados a elegir, tuvieron que recular en público.

El resultado quedó plasmado en un documento final que ni siquiera menciona una hoja de ruta y evita reforzar el lenguaje sobre la eliminación de los combustibles fósiles. Apenas incluye una referencia secundaria que “reconoce” lo pactado en la COP28. Aun así, el Secretario de Estado para Seguridad Energética y Net Zero del Reino Unido, Ed Miliband, intentó vender el fiasco como “un paso adelante”, obviando que se trataba de un paso adelante acompañado de dos hacia atrás.

El balance geopolítico deja una conclusión contundente: Europa ha perdido peso en el tablero internacional. Las grandes economías emergentes ya no atienden a las advertencias de comisarios europeos como Wopke Hoekstra ni a figuras como Miliband. Para muchos países en desarrollo, renunciar a energía barata y abundante por mandato occidental carece de lógica.

La cumbre también mostró el abismo entre los países que siguen atrapados por su compromiso con el Net Zero —cueste lo que cueste— y el resto del mundo, que entiende que los combustibles fósiles son esenciales para su prosperidad.

La otra gran discusión giró en torno al dinero. Los países más pobres volvieron a salir de Belém sin nada tangible, a pesar del compromiso de triplicar los fondos de adaptación climática hasta unos 40.000 millones de dólares anuales. Es una cifra vacía, porque todo tendría que salir del mismo fondo de 300.000 millones prometido para 2035 en la COP29. De nuevo, humo.

Además, la insistencia de la UE y Miliband para que China y los países árabes, todavía catalogados de forma surrealista como “en desarrollo”, aportaran su parte, cayó en saco roto.

En un gesto irónico, el texto final apenas dedica espacio a la lucha contra la deforestación, pese a ser una prioridad del presidente brasileño, Lula.

Y, aun así, la maquinaria mediática celebró que la COP aprobara un nuevo “Plan de Acción de Género”. Como subrayó eufórica una periodista de la BBC, parecía suficiente para dar la sensación de éxito.

Mientras tanto, 50.000 personas viajaron a Belém, entre ellos más de 200 representantes británicos. Se cortaron hectáreas de selva para abrir nuevas carreteras, miles protestaron y la BBC envió a 16 empleados que se pasearon por el recinto con su habitual aire de importancia. ¿Para qué? Diez años después del Acuerdo de París, las emisiones siguen aumentando y no hay señales de que vayan a reducirse, mucho menos de que se vayan a eliminar.

Pese a todo, la COP continúa aferrada al objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5°C respecto a los niveles de la Pequeña Edad de Hielo, sosteniendo que aún es “alcanzable”.

El espectáculo climático, eso sí, volverá el próximo año en Turquía. Y, como siempre, con los mismos resultados previsibles.

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