
El desplazamiento del tomate español en favor del marroquí, tanto en los lineales nacionales como en el mercado europeo, gana enteros y enciende todas las alarmas del sector agrario. Los productores denuncian desde hace años que el Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea y Marruecos ha abierto la puerta a una competencia que consideran injusta y que, en la práctica, hunde sus márgenes de rentabilidad, según avanza El Debate.
Los números son contundentes: mientras que en 2014 España exportaba a la UE 786.599 toneladas de tomate, en 2024 esa cifra se redujo hasta las 591.098 toneladas, es decir, un retroceso del 25% (sin contar el mercado británico). En paralelo, las importaciones de tomate marroquí se han disparado un 269 % en una década, pasando de apenas 18.045 toneladas a más de 66.600.
La estrategia de Rabat ha sido clara: apostar por variedades más rentables, especialmente el tomate cherry, en detrimento de las tipologías de menor precio. «Un kilo de cherry requiere mucha más mano de obra que uno de ensalada, y ahí Marruecos aprovecha la diferencia en costes laborales para ganar ventaja frente a Europa», explica Andrés Góngora, responsable estatal de frutas y hortalizas de COAG. El dirigente agrícola apunta además a las plantaciones instaladas en el Sáhara Occidental, donde cientos de hectáreas producen tomates que podrían estar comercializándose como marroquíes pese a la sentencia del Tribunal de Justicia de la UE de octubre de 2024 que prohíbe ese etiquetado.
En España, las importaciones siguen batiendo récords: sólo en el primer semestre de 2025 llegaron 46.742 toneladas procedentes del país vecino, lo que supone un incremento del 56% respecto al mismo periodo del año anterior. La factura también ha escalado: 78,63 millones de euros, un 85% más que en 2024. El precio medio por kilo ha pasado de 1,41 a 1,68 euros en apenas doce meses, lo que implica que el tomate marroquí ya no es sinónimo exclusivo de bajo coste.
El «sorpasso» se confirmó en 2024, cuando Marruecos superó a España como segundo gran proveedor de tomates para la Unión Europea —sólo por detrás de Países Bajos— al colocar 579.792 toneladas frente a las 531.766 españolas. En valor económico, la distancia también fue notable: casi 1.000 millones de euros frente a los 934 millones que ingresó la producción nacional.
El impacto se deja notar sobre todo en los cultivos que dependen de una recolección manual intensiva. «Lo que pasó con la judía verde puede repetirse con el tomate: ya no queda apenas producción nacional porque Marruecos acabó copando el mercado», advierte Góngora, que denuncia una «desprotección total» ante lo que califica como un caso claro de competencia desleal.
Los agricultores insisten en que la raíz del problema está en las diferencias normativas. El país magrebí opera en el mismo mercado que España, pero lo hace con costes laborales más bajos y sin cumplir las mismas obligaciones en el uso de recursos hídricos o en materia social. Esa brecha regulatoria, dicen, está detrás del hundimiento de los precios en origen y del avance constante del tomate marroquí en Europa.