Las autoridades chinas han sumado este viernes un nuevo portaaeronaves a su flota militar: el Fujian, el tercero en servicio y el más avanzado de la Armada del país. La incorporación del buque, equipado con catapultas electromagnéticas de última generación, refuerza el poder naval del régimen de Pekín en medio del aumento de las tensiones con Estados Unidos en el mar de la China Meridional y el estrecho de Taiwán.
La ceremonia de incorporación se celebró en el puerto de Sanya, en la isla de Hainan, y estuvo encabezada por el presidente Xi Jinping, quien inspeccionó personalmente el navío, según informó la agencia estatal Xinhua.
El Fujian, lanzado en junio de 2022 y sometido desde entonces a pruebas exhaustivas, se convierte en el primer portaaeronaves de fabricación totalmente nacional que utiliza un sistema de catapulta electromagnética, una tecnología comparable a la de los buques de guerra estadounidenses más modernos.
Este sistema permite despegues más rápidos y eficientes de aviones de combate, incrementando la capacidad operativa del portaaviones. El buque es, además, considerablemente más grande que los dos anteriores: el Liaoning —de origen soviético— y el Shandong, construido en China con base en un diseño ruso.
Fuentes militares chinas citadas por medios estatales aseguran que el Fujian representa «un símbolo del salto de China hacia una Armada de aguas azules capaz de proyectar poder a escala global«.
Desde su llegada al poder, Xi Jinping ha priorizado la modernización de las Fuerzas Armadas con el objetivo de transformarlas en una fuerza de combate de nivel mundial para 2035. El Ejército Popular de Liberación (EPL) ha incrementado significativamente su gasto militar y su capacidad tecnológica, con nuevos submarinos nucleares, destructores furtivos y buques anfibios de asalto.
El Fujian refuerza así la estrategia de expansión marítima del régimen comunista, que busca controlar el mar de la China Meridional, ampliar su influencia en el Indo-Pacífico y desafiar la hegemonía naval de Estados Unidos y sus aliados.
Washington, por su parte, mantiene una presencia constante en la región con sus flotas del Pacífico y el Indo-Pacífico, apoyando a Japón, Corea del Sur y Filipinas, y realizando patrullas conjuntas con Australia y el Reino Unido para garantizar la «libertad de navegación».
La puesta en servicio del Fujian consolida a China como la segunda potencia naval del mundo en número de buques, aunque todavía por detrás de Estados Unidos en capacidad operativa y experiencia de combate.