«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Persecución religiosa en África

Decenas de miles de cristianos huyen del norte de Mozambique ante la nueva ofensiva islamista: más de 92.000 desplazados desde septiembre

Campo de refugiados en Mozambique. Europa Press.

Más de 92.000 personas — casi en su totalidad cristianas— han huido del norte de Mozambique desde septiembre, según ha alertado Médicos Sin Fronteras (MSF). Los ataques de los grupos armados afiliados al Estado Islámico han vuelto a desatar el terror en las provincias de Cabo Delgado y Nampula, epicentro de una de las persecuciones religiosas más violentas de África.

MSF ha documentado la llegada de 23.000 desplazados sólo a la ciudad de Mueda, procedentes principalmente de Mocímboa da Praia y sus alrededores, donde las incursiones islamistas se han intensificado en las últimas semanas. En esa región, los yihadistas asesinan, queman aldeas y destruyen iglesias, obligando a miles de familias cristianas a abandonar sus hogares.

«Ante los rumores de ataques inminentes, son muchos los que deciden huir porque ya no se sienten protegidos ni seguros en sus comunidades», explicó Pedro Basílio, coordinador de MSF en los campos de desplazados de Mueda.

La ofensiva yihadista en Cabo Delgado comenzó en 2017, cuando el grupo Ansar al-Sunna, posteriormente integrado en el Estado Islámico de África Central (IS-CAP), emprendió una campaña de terror para imponer la sharía en la región. Desde entonces, más de un millón de mozambiqueños —en su mayoría cristianos— han sido desplazados, según datos de Naciones Unidas.

Los ataques se concentran en aldeas católicas y evangélicas, donde los insurgentes decapitan a hombres, secuestran mujeres y niños y obligan a las comunidades a convertirse al islam. Informes de Open Doors y de Catholic Relief Services estiman que más del 60% de los desplazados actuales son cristianos perseguidos por motivos de fe.

Aunque MSF evita atribuir una motivación religiosa a los ataques, su testimonio refleja la magnitud del drama humanitario. En los campos de acogida de Mueda, la falta de agua potable, saneamiento y atención médica agrava el sufrimiento de miles de familias. «Las necesidades sanitarias persisten y el sistema de salud local no puede hacer frente a la llegada continua de personas», advirtió MSF.

Las condiciones empeoran con la temporada de lluvias, que eleva el riesgo de brotes de cólera y malaria. «A pesar de la precariedad, muchos desplazados prefieren permanecer aquí antes que volver a sus aldeas destruidas», relata el personal de la organización.

El Gobierno de Mozambique ha desplegado tropas y recibe apoyo militar de Ruanda y de la Comunidad de Desarrollo de África Austral (SADC), pero la violencia no cesa. Los islamistas se reagrupan y extienden sus ataques hacia el sur, amenazando la estabilidad de todo el país.

Mientras tanto, la comunidad internacional permanece en silencio ante una de las peores crisis de persecución religiosa del continente. En los campos de refugiados de Cabo Delgado, los testimonios se repiten: familias cristianas que perdieron sus casas, sus iglesias y a sus seres queridos. «No había razón para quedarse allí”, confiesa Saidia Albino, una desplazada que ha huido dos veces de Mocímboa da Praia.

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