La violencia contra los cristianos vuelve a sacudir Nigeria. El Ejército nigeriano ha anunciado la liberación de más de 60 fieles secuestrados en el norte del país, en una operación militar en el estado de Zamfara, mientras la Policía confirma el rapto de decenas de fieles tras ataques armados contra tres iglesias cristianas en el estado de Kaduna.
El viceportavoz del Ejército, Olaniyi Osoba, informó de que la operación se desarrolló en el bosque de Munhaye, un enclave utilizado por bandas criminales que operan en la región. En el operativo fueron rescatadas 62 personas, la mayoría cristianos capturados en ataques selectivos, y trasladadas posteriormente a zonas seguras. La intervención se produjo en un contexto de repunte de secuestros dirigidos contra comunidades cristianas, una práctica habitual para financiar redes armadas y terroristas.
En una segunda operación en el estado de Kebbi, las fuerzas armadas abatieron a dos presuntos terroristas vinculados al grupo Lakurawa, que mantiene lazos con el Estado Islámico, reforzando el temor a una persecución religiosa organizada en amplias zonas del norte del país.
Mientras tanto, la Policía de Nigeria ha tenido que rectificar públicamente y reconocer el secuestro masivo de cristianos durante asaltos contra tres iglesias en Kaduna, después de haber negado inicialmente los hechos. La Asociación Cristiana de Nigeria (CAN) denunció desde el primer momento que hasta 172 fieles fueron raptados durante los ataques, en lo que calificó como una ofensiva deliberada contra la población cristiana.
El portavoz policial Benjamin Hundeyin confirmó que hay operaciones en marcha para liberar a los secuestrados, aunque evitó ofrecer cifras concretas y no explicó por qué las autoridades desacreditaron inicialmente las denuncias de las comunidades cristianas, a las que llegó a calificar de «falsedades». Por ahora, ningún grupo armado ha reivindicado los ataques, aunque la zona es escenario habitual de violencia islamista y criminal.
Nigeria vive desde hace años una escalada de persecución contra los cristianos, especialmente en el norte y el cinturón central del país, donde iglesias son atacadas, sacerdotes y fieles son secuestrados o asesinados, y comunidades enteras viven bajo amenaza constante.