Desde la desaparición del hielo en el mar Ártico a la inundación de las islas Maldivas, desde la desertificación de España a la aparición de pavorosos incendios de «sexta generación«, no hay un solo pronóstico hecho por los ‘calentólogos’ que se haya cumplido.
Por esta regla sabemos que son mentira los informes de los miles de muertos por el calor. Según el Ministerio de Sanidad español, entre mayo y septiembre del año pasado fallecieron 3.832 personas por esta causa. ¿Cómo los pueden medir los sabelotodo si no se hacen autopsias y en el certificado de defunción no aparece esa causa de muerte? Pues a partir de estadísticas convenientemente manipuladas con el único objetivo de provocar miedo.
Entre las catástrofes proclamadas por los expertos se halla la desaparición de la cerveza y del chocolate por el cambio climático. La Universidad de California, en Berkely, difundió en 2018 un informe en el que aterrorizaba a los golosos con el aviso de que el chocolate podría extinguirse hacia 2050 debido a la reducción de la producción de su materia prima, el cacao.
La planta del cacao crece únicamente en una franja tropical a unos 20 grados al norte y al sur del ecuador, una región donde el clima permanece constante a lo largo del año. Sin embargo, las previsiones aseguran que el nuevo jinete del Apocalipsis, el cambio climático, reducirá el área de cultivo a unas pocas zonas montañosas a partir de los 300 metros de altura.
El informe, o al menos su titular, se repite periódicamente, cuando las redacciones buscan maneras de rellenar las páginas o sus financiadores les dan la consigna de asustar a sus menguantes audiencias. También lo exhiben laboratorios universitarios para pedir subvenciones con las que buscar sustitutivos o generar especies de cacao más resistentes.
Y como pasa siempre, si las abejas se extinguen, si el chocolate desaparece, si mueren ancianitas por el calor, si los glaciares se derriten, la culpa es suya, querido lector, que se resiste a dejar su coche diésel o se empeña en tener hijos. Nunca lo es de los gobiernos ni de los sermoneadores que viajan en aviones, privados o públicos, a las Cumbres del Clima (las COP) anuales.
¿La realidad confirma el pronóstico? Si de verdad la producción de cacao se estuviera reduciendo, su precio subiría y subiría. Y, después de una sequía que en 2024 afectó a los mayores productores, que son Costa de Marfil y Ghana, los precios se han desplomado, desde el máximo alcanzado hace casi dos años, cuando la tonelada marcó los 12.000 dólares.
Entre principios de enero y finales de febrero de 2026, el grano de cacao en el mercado financiero ICE Europe ha caído un 41%. La tonelada se ha comprado a unos 3.100 dólares, el precio más bajo desde mayo de 2023. En los últimos doce meses, la cotización del cacao ha caído el 72%. Y las previsiones son de un superávit de producción y precios bajos.
Entonces, ¿por qué el chocolate en los supermercados y las pastelerías sigue caro? Desde febrero de 2020, antes del estallido de la epidemia de covid, excusa para el empobrecimiento de la humanidad, sobre todo de los europeos y los americanos, la tableta de chocolate ha subido un 63%, según el INE español. Sólo en 2025, el aumento supero el 13%.
Las razones son las mismas que nos dan para explicar por qué en las gasolineras no se notan las bajadas del barril de petróleo, aunque sí las subidas: el almacenamiento de la materia prima comprada a precios altos; la demanda de China, que es el mayor mercado del mundo; la inestabilidad geopolítica; la especulación con los futuros en los mercados de Nueva York y Londres… ¿A que le suenan todas ellas?
Si el chocolate está caro no es por el calentamiento global, sino porque de la planta a su casa hay muchos intermediarios y todos quieren su pedazo de la tableta, sin exceptuar a Hacienda.