«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Se endurece el genocidio y la guerra civil en Sudán

El Gobierno de Sudán rechaza totalmente negociar con la milicia islamista RSF: «Preferimos morir antes que coexistir con genocidas»

Ataque con drones de las RSF en el puerto de Sudán. Europa Press.

Las autoridades de Sudán han lanzado uno de sus mensajes más contundentes desde que estalló la guerra civil en abril de 2023. El ministro de Finanzas, Gibril Ibrahim Mohamed Fediel, aseguró este jueves que el Gobierno no negociará ni coexistirá con las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), la poderosa milicia paramilitar islamista que continúa avanzando territorialmente en el oeste del país.

Durante un acto en apoyo a las mujeres de Darfur, el ministro declaró que «no entregaremos Sudán a nadie» y que ningún actor externo puede dictar al país su sistema político. Las palabras llegan después de la caída de El Fasher, capital histórica de Darfur, tomada por las RSF a finales de octubre tras la retirada de las Fuerzas Armadas.

Ibrahim sostuvo que las RSF son «una organización asesina que viola todas las normas internacionales» y que no existe posibilidad de diálogo con quienes, afirma, han perpetrado masacres y ataques deliberados contra civiles en múltiples localidades. «Es más honorable morir que coexistir con quienes asesinan a mujeres, hombres, niños y enfermos«, afirmó, denunciando violaciones masivas de derechos humanos en El Fasher y otras zonas bajo control rebelde.

Las acusaciones coinciden con las denuncias de la comunidad internacional. ONG, organismos regionales y gobiernos occidentales han alertado sobre ejecuciones extrajudiciales, saqueos, violaciones y ataques indiscriminados en Darfur. El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, pidió detener el flujo de armas hacia las RSF y advirtió que el grupo «no tiene intención de respetar ninguna tregua».

La guerra civil —originada por la disputa sobre la integración de las RSF en el Ejército regular— ha derivado en una de las peores crisis humanitarias del mundo. Millones de sudaneses han huido de sus hogares, las infraestructuras básicas colapsan y enfermedades infecciosas se propagan sin control mientras el país se desangra en un conflicto con múltiples actores regionales involucrados.

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