
Los equipos de rescate que llegaron a las aldeas devastadas por el terremoto en Afganistán, 36 horas después del seísmo de magnitud 6, estaban formados exclusivamente por hombres. Esa ausencia de mujeres en las brigadas de socorro dejó sin atención a muchas heridas, como ocurrió con Bibi Aisha, una joven de 19 años que, al verlos llegar, pensó: «Estoy perdida». Su testimonio, recogido por The New York Times, ilustra la discriminación que sufren las afganas en medio de una tragedia que ya ha causado más de 2.200 muertos y miles de damnificados.
Los expertos coinciden en que la cifra de víctimas femeninas podría ser mucho mayor que la de varones. La explicación se encuentra en la aplicación estricta de la sharía por parte del régimen talibán, que prohíbe cualquier contacto físico entre hombres y mujeres que no sean familia directa. En un país donde casi no hay personal sanitario femenino, las mujeres heridas quedaron sin asistencia en las primeras y decisivas 24 horas posteriores al terremoto.
La cadena pública alemana DW, también presente en la zona, recordó que esta norma es sólo una de las múltiples restricciones impuestas desde que los talibanes regresaron al poder hace cuatro años. Las mujeres tienen prohibido salir a la calle sin un tutor varón, no pueden acceder a puestos de trabajo públicos y están excluidas de la educación superior. El año pasado, las autoridades decidieron además que las niñas debían abandonar la escuela una vez aprendieran a leer y escribir.
La tragedia del seísmo ha vuelto a poner de relieve el dramático retroceso en los derechos de las mujeres bajo los talibán. A la discriminación estructural se suma ahora la negación de cuidados médicos básicos en situaciones de emergencia, un factor que amplifica la vulnerabilidad de niñas y mujeres en Afganistán y que, según observadores internacionales, agrava el impacto humano de desastres naturales como el del pasado fin de semana.