
El obispo de Makurdi, monseñor Wilfred Chikpa Anagbe, ha denunciado la situación de inseguridad y violencia que afecta a las comunidades cristianas del estado de Benue, en el centro de Nigeria, y ha reclamado una mayor implicación de la comunidad internacional en la defensa de la libertad religiosa y de los derechos fundamentales de la población afectada.
En declaraciones difundidas por la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), el prelado afirmó que los cristianos de esta región sufren una «persecución grave» como consecuencia de los ataques atribuidos a grupos extremistas de pastores fulani, que operan en distintas zonas del estado.
Según explicó, la diócesis de Makurdi se encuentra entre las más afectadas por la violencia registrada en los últimos años. Anagbe aseguró que numerosas comunidades han sido objeto de ataques y que la situación ha provocado el desplazamiento forzoso de amplios sectores de la población. «Los cristianos están sufriendo una persecución grave en el estado de Benue; en la diócesis de Makurdi es donde se cometen las mayores atrocidades de las que nadie habla», señaló.
El obispo indicó asimismo que la violencia ha tenido un impacto significativo sobre la estructura pastoral de la diócesis. De acuerdo con sus datos, entre 2018 y 2025 se han perdido alrededor de 21 parroquias como consecuencia de los ataques y de la destrucción o clausura de templos. Esta situación, añadió, dificulta el desarrollo ordinario de la vida religiosa y comunitaria.
Las informaciones recogidas por ACN apuntan a que más de 80 comunidades del estado de Benue han sufrido ataques en los últimos años y que el número de desplazados supera los 1,5 millones de personas. En este contexto, numerosos fieles han visto interrumpida su participación habitual en las actividades parroquiales debido a la pérdida de viviendas, infraestructuras religiosas y condiciones de seguridad.
Entre los episodios recientes mencionados por el prelado figura la masacre registrada en Yelwata en junio de 2025, donde, según diversas fuentes eclesiales, cientos de cristianos murieron durante un ataque atribuido a grupos armados. El sacerdote Jonathan Ukuma, responsable pastoral de la localidad y superviviente del suceso, permaneció junto a la comunidad tras los hechos para atender a los afectados y acompañar a las víctimas.
Monseñor Anagbe subrayó la necesidad de incrementar la visibilidad internacional de la crisis humanitaria y de seguridad que afecta a la región.