El régimen islámico de Irán se dispone a ejecutar de forma inminente a Erfan Soltani, un joven de 26 años detenido por participar en las protestas contra el Gobierno, desafiando abiertamente las advertencias del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien ha amenazado con una respuesta «muy contundente» si Teherán continúa ahorcando a manifestantes.
Según la organización kurda de derechos humanos Hengaw, con sede en Noruega, Soltani se encuentra «al borde de la ejecución», tras haber sido arrestado la pasada semana. Se trata del primer caso conocido de una pena de muerte dictada durante la actual ola de protestas, aunque los servicios de seguridad ya han matado a cientos de personas en las calles.
La familia de Erfan Soltani vive estas horas sumida en la desesperación. Según fuentes cercanas al caso citadas por organizaciones de derechos humanos, las autoridades iraníes han comunicado a sus familiares que la sentencia es firme y que el joven solo podrá despedirse brevemente de ellos antes de ser ejecutado. Sin margen para recursos ni defensa efectiva, sus padres y hermanos han iniciado una llamada urgente a la comunidad internacional, señalando directamente al presidente de Estados Unidos como la última esperanza para salvarle la vida.
En mensajes trasladados a activistas y medios, la familia ruega a Donald Trump que actúe de inmediato, consciente de que cualquier demora puede ser fatal. «No pedimos política, pedimos que no maten a nuestro hijo por protestar», habría trasladado un allegado.
La ejecución se produce en el contexto de una represión sin precedentes. De acuerdo con datos de grupos de derechos humanos con base en Estados Unidos, más de 2.570 personas han muerto desde que el régimen intensificó su ofensiva contra las manifestaciones, iniciadas a finales de diciembre. Además, al menos 10.700 personas han sido detenidas.
Desde Hengaw advierten de que el caso de Soltani no será una excepción, sino el inicio de una cadena de ejecuciones ejemplarizantes. «El régimen está utilizando todas las tácticas que conoce para aplastar a la población y sembrar el terror», ha denunciado Awyar Shekhi, portavoz de la organización. Otra representante, Arina Moradi, subraya que el proceso judicial ha sido extraordinariamente rápido, sin garantías ni derecho real a la defensa: «Este patrón no hará más que repetirse».
Donald Trump ha reaccionado en las últimas horas instando a los iraníes a mantener las protestas, asegurando en su red Truth Social que «la ayuda está en camino», acompañado del lema Make Iran Great Again. En declaraciones a la cadena CBS, el presidente estadounidense fue explícito: «Si empiezan a colgar a manifestantes, tomaremos medidas muy duras. Esto no les va a salir bien».
Trump ya ha anunciado aranceles del 25% a cualquier país que comercie con Irán y ha dejado claro que las opciones militares están sobre la mesa. Washington ha reforzado su despliegue en la región, con el envío de cazas F-35 y bombarderos a la base de Al Udeid, en Qatar, mientras altos cargos militares y de seguridad evalúan posibles ataques contra bases militares, infraestructuras nucleares e incluso la cúpula del régimen.
Desde Teherán, el jefe del Poder Judicial, Gholamhossein Mohseni Ejei, ha prometido juicios acelerados y públicos contra los manifestantes, a los que califica de “alborotadores”. Paralelamente, el embajador iraní ante la ONU ha acusado a Trump de incitar al caos y amenazar la soberanía nacional, en un intento de desviar la atención de la brutal represión interna.
Activistas denuncian además que la televisión estatal iraní ha emitido al menos 97 confesiones forzadas, obtenidas bajo tortura física o psicológica, atribuyendo las protestas a supuestas conspiraciones extranjeras. «Es un patrón clásico del régimen: fabricar culpables y justificar la violencia extrema», han señalado desde la agencia HRANA.
La historia reciente avala estos temores. Tras las protestas de Mujer, Vida, Libertad en 2022, el régimen ejecutó a al menos diez manifestantes, mató a más de 500 personas y encarceló a decenas de miles. Hoy, con las protestas extendidas a 180 ciudades de las 31 provincias iraníes, Irán afronta uno de los mayores desafíos al poder clerical desde 1979.
La ejecución de Erfan Soltani, prevista para las próximas horas, se perfila así como un mensaje de terror del régimen a toda la población, y como una prueba decisiva de hasta dónde está dispuesto a llegar Teherán mientras el mundo observa si las advertencias de Washington se traducen, finalmente, en acciones.