Un activista en defensa de los animales ha sido detenido en Marruecos por denunciar desde la Sociedad Protectora de los Animales de Marruecos (SPA du Maroc) el sacrificio de perros callejeros. El hombre, identificado como A.I., asegura que su arresto no fue fruto de un delito real, sino de una represalia directa por su labor contra las campañas de exterminio que se multiplicaron tras la designación del país como sede del Mundial de Fútbol de 2030.
A.I., que lleva dos décadas al frente de su organización, ha defendido públicamente métodos alternativos para afrontar la sobrepoblación de animales en las calles. Entre ellos destaca el plan TNVR —captura, esterilización, vacunación y devolución al entorno—, un programa anunciado oficialmente en 2019 pero que, según las asociaciones animalistas, jamás llegó a aplicarse de forma seria. Por el contrario, tanto él como la Coalición Internacional para la Protección de los Animales (IAWPC) han denunciado que las matanzas se intensificaron desde que la FIFA confirmó en octubre de 2023 la candidatura compartida de Marruecos para acoger el torneo. La intención, según estas entidades, sería ofrecer al exterior una imagen de «calles limpias» y sin animales callejeros.
El activista fue arrestado a mediados de junio de 2025 y permaneció tras las rejas hasta el 12 de agosto. Narra que antes de ser llevado a prisión ya había recibido amenazas y que la policía montó un caso artificial en su contra para justificar registros y confiscar sus pertenencias. «Me dijeron incluso que podían mantenerme encerrado hasta después del Mundial de 2030 para dejar de ser un obstáculo a sus planes», relata.
Las acusaciones en su contra resultan, según él, delirantes: desde «posesión de drogas» o «pornografía» hasta imputaciones de homosexualidad y supuestas prácticas de tráfico de órganos. Incluso se llegó a afirmar que alimentaba a perros callejeros con restos humanos y que enviaba órganos a Israel. A.I. rechaza cada una de estas versiones y sostiene que todo formaba parte de una estrategia de difamación destinada a hundir su reputación. A finales de la pasada semana, asegura, los tribunales archivaron la causa.
Su estancia en prisión la describe como un infierno. Estuvo encerrado en celdas diseñadas para diez personas en las que llegaron a hacinarse más de veinte. El lugar estaba plagado de cucarachas y roedores. «Un preso murió en la celda antes de que yo entrara, y el cadáver no fue retirado hasta el día siguiente», denuncia. También afirma que fue interrogado sin la presencia de sus abogados y sometido a un trato degradante.