
Nigeria ha sufrido uno de los golpes más duros de la última década en su guerra contra el terrorismo islamista. El Estado Islámico de África Occidental (ISWAP) ha anunciado la ejecución del general Muhammed Uba, un veterano comandante del noreste del país y una figura central en la lucha contra Boko Haram y las distintas facciones salafistas que operan en torno al lago Chad.
Uba fue secuestrado el 14 de noviembre durante una emboscada en Wajiroko, en el estado de Borno, la región más castigada por el yihadismo. Los terroristas difundieron una imagen del general herido y visiblemente conmocionado antes de afirmar que había sido «interrogado y ejecutado».
Pese a la contundencia del anuncio, el Gobierno nigeriano insiste en que el general «logró escapar» y está «sano y salvo», aunque no ha presentado ninguna prueba que desmienta la fotografía difundida por ISWAP. A día de hoy, la versión oficial carece de credibilidad.
La pérdida de Uba tiene una dimensión estratégica crítica. El general había consolidado una reputación como uno de los mandos más eficaces del noreste, con años de despliegue en la Operación Hadin Kai y al frente de la 25 Task Force Brigade, con base en Damboa. Era experto en: patrullas profundas, protección de aldeas rurales, escolta de convoyes bajo fuego, coordinación de apoyos aéreos en el eje Damboa–Biu y las zonas limítrofes del bosque de Sambisa, bastión histórico de Boko Haram.
Fuentes militares describen a Uba como un comandante de proximidad, que solía encabezar las columnas en primera línea y mantener la calma incluso en emboscadas complejas. Su captura expone fallos graves en inteligencia, protección de rutas y coordinación entre unidades.
La ofensiva contra Uba llega apenas una semana después de sangrientos combates internos en los que ISWAP habría perdido hasta 200 combatientes frente a Boko Haram. Sin embargo, la rapidez con la que pudieron reorganizar sus fuerzas para golpear al Ejército nigeriano demuestra un hecho inquietante: las filas del Estado Islámico en la región no dejan de crecer.
Los informes de la ONU son elocuentes en 2024 contaban con entre 2.000 y 3.000 combatientes; 2025 subió a entre 8.000 y 12.000.