Se dice que las chaladuras sobre la descarbonización, el coche eléctrico, la comida de insectos y el reciclaje están limitados a Occidente, a las oligarquías de políticos y millonarios, así como a sus voceros en los medios de comunicación, que mediante vaticinios apocalípticos se las apañan para persuadir a millones de personas solitarias y frustradas de que si dejan de comer carne detendrán el calentamiento de la Tierra. Sin embargo, esa plaga está extendida por el mundo entero.
Una de esas demencias, quizás de las más peligrosas, junto con la moneda digital, es la llamada ciudad de los quince minutos: rediseñar las ciudades para que sus habitantes tengan el trabajo (¿servir cafés a turistas?, ¿hacer vídeos de TikTok?, ¿ser teleoperador?) y todos los servicios en un radio de quince minutos. Y si se tiene que salir, se hará mediante permiso de las autoridades y usando bicicleta, siempre bajo la vigilancia de miles de cámaras.
Lo que nos tememos es que esas ciudades, de las que se habrá expulsado el coche particular y quizás prohibido hasta la vivienda individual, se convertirían en enormes campos de concentración para la población. La primera de esas ciudades de quince minutos, levantada nueva y con todos los adelantos tecnológicos, se está intentado construir en Arabia Saudí y, a pesar de los carros de dinero, está siendo un fracaso. Su nombre es The Line (La Línea).
Forma parte de NEOM, un megaproyecto urbano en la provincia de Tabuk, en Arabia Saudí. Aparte de esta ecociudad lineal inteligente, NEOM incluye un centro de esquí en el desierto, un complejo industrial flotante bautizado Oxagon y un resort turístico de súper lujo. El emplazamiento de NEOM se encuentra en la boca de los estrechos de Tirán, salida al mar Rojo de Israel y Jordania. Cubrirá una superficie de 26,5 kilómetros cuadrados.
A su vez, NEOM es uno de los programas de Saudi Vision 2030, que pretende diversificar la economía del país, el mayor exportador de crudo del mundo. El impulsor de Saudi Vision 2030 y de La Línea es Mohammed ben Salman, príncipe heredero del reino y primer ministro.
The Line pretende ser una ciudad absolutamente futurista, sin coches, sin desperdicios ni emisiones de carbono. El sueño de Greta Thunberg y de Bill Gates. Según el plan, la formaría un único edificio de 170 kilómetros de largo, sin ninguna interrupción, con una altura de 500 metros y un ancho de 200 metros. El exterior estaría revestido de cristal, un aspecto más amable que el de Mega-City Uno, de los comics del juez Dredd. Dentro vivirían nueve millones de personas, la quinta parte de la población del reino saudí, que no necesitarían salir al exterior, ya que disfrutarían de alimentos, aire fresco, agua y entretenimiento dentro de La Línea, aparte de un microclima templado y regulado.
Todos los servicios estarían repartidos en bloques a unos cinco minutos a pie de cada grupo de pobladores. Para quien quisiera trasladarse de un extremo a otro, es decir, desde la costa del golfo de Áqaba al final, habría trenes de alta velocidad que cubrirían en trayecto en unos veinte minutos. Como en un tebeo de ciencia ficción de los años 50, los residentes tendrían a su servicio taxis voladores movidos por electricidad, drones para llevarles las compras y robots para limpiar sus viviendas. La Línea la gobernaría la inteligencia artificial.
El proyecto lo presentó el propio Ben Salman en 2021, pero desde su comienzo, el proyecto ha acumulado retrasos en la construcción y aumento de los costes.
Por ejemplo, la gigantesca planta desalinizadora que iba a cubrir el 30% de las necesidades de agua de la ciudad mediante energía y tecnologías renovables se suspendió hace dos años. La instalación, que estaría colocada en Oxagon, iba a costar entre 1.500 y 2.000 millones de dólares.
El objetivo inicial era que en 2030 la megaciudad acogiese a 1,5 millones de residentes, pero los promotores han rebajado ese número a la quinta parte, unos 300.000, según una exclusiva de la agencia Bloomberg; y la superficie finalizada en ese anunciado año prodigioso será de apenas 2,4 kilómetros, en vez de cinco kilómetros. Estos retrasos ponen en duda que los 170 kilómetros de acero y cristal estén terminados para 2045.
Hace unos días, de nuevo Bloomberg publicó que las autoridades saudíes han encargado a varias empresas consultoras que realicen una revisión estratégica del proyecto, porque los bancos están rehusando ampliar su financiación. Los costes de construcción en un clima extremo suben (como lo saben las empresas españolas que están tendiendo una línea de alta velocidad entre Medina y La Meca), mientras el precio del petróleo que es la materia prima que sostiene a Arabia Saudí y, por tanto, a NEOM, baja.
La realidad y la naturaleza suelen desbaratar los planes de los hombres más ensoberbecidos y poderosos. Aunque desde que las excavadoras empezaron a mover la arena hasta ahora, un puñado de individuos se ha enriquecido más de lo que ya era. El cálculo del coste de todo el proyecto NEOM oscila entre un billón y billón y medio de dólares. Y las obras siguen. Hasta el siguiente tropiezo.