«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
acumulaba más poder real que el presidente y el nuevo líder supremo

Israel descabeza la cúpula iraní al eliminar a Larijani, cerebro militar y político del régimen

Ali Larijani.

Israel ha eliminado a Ali Larijani, jefe de seguridad nacional de Irán y uno de los hombres más influyentes del régimen, en una operación dirigida contra la cúpula del país en plena guerra. Teherán ha confirmado su muerte tras horas de incertidumbre, lo que supone la desaparición de la principal figura que articulaba la respuesta militar y política iraní.

Larijani no era un dirigente más. Tras la muerte del ayatolá Ali Jamenei, se había convertido en el verdadero centro de poder operativo del régimen, por encima incluso del presidente, Masoud Pezeshkian, y del nuevo líder supremo, Mojtaba Jamenei. Desde su puesto, controlaba la estrategia de defensa, las represalias y la coordinación entre los distintos aparatos del Estado.

El arquitecto de la guerra iraní

Su eliminación responde a un objetivo claro: descabezar la dirección estratégica de Irán. Larijani fue uno de los principales diseñadores de la respuesta militar tras el ataque del 28 de febrero que desencadenó el actual conflicto. Su papel consistía en integrar la acción de la Guardia Revolucionaria, el Gobierno y los servicios de inteligencia.

No sólo dirigía la guerra. También era uno de los pocos dirigentes con capacidad para gestionar la dimensión política del conflicto, incluyendo contactos internacionales y posibles salidas negociadas. Su perfil pragmático le había llevado a impulsar acercamientos con potencias europeas y a participar en intentos de reactivar el acuerdo nuclear.

Larijani acumuló durante décadas posiciones clave dentro del régimen. Fue presidente del Parlamento, ministro de Cultura, alto cargo de la Guardia Revolucionaria y responsable del aparato mediático estatal.

Desde ese control de los medios impulsó la maquinaria propagandística del régimen, ampliando canales y utilizándolos contra la oposición. Con el tiempo, se consolidó como un hombre de confianza del ayatolá, hasta convertirse en su principal asesor en cuestiones estratégicas.

Tras la guerra de 2025, fue nombrado jefe de seguridad nacional con competencias ampliadas, lo que le permitió concentrar poder sobre la política exterior, la defensa y la seguridad interna.

Su influencia no se limitaba al ámbito militar. Bajo su dirección, los Basij —milicia paramilitar clave del régimen— desempeñaron un papel central en la represión de protestas, incluidas las movilizaciones por la crisis económica que dejaron miles de muertos y decenas de miles de detenidos.

Estos grupos, responsables del control del espacio público y del cumplimiento de la normativa religiosa, constituyen uno de los pilares del sistema. La posible muerte de su comandante, Gholamreza Soleimani, en la misma ofensiva refuerza la magnitud del golpe.

Al mismo tiempo, Larijani actuaba como interlocutor exterior, capaz de tender puentes con países del Golfo y con diplomáticos occidentales. Esa doble condición —represor interno y negociador externo— lo convertía en una pieza difícil de reemplazar.

Un golpe político más allá del campo de batalla

Aunque el régimen iraní ha diseñado mecanismos de sucesión para garantizar la continuidad, la eliminación de Larijani tiene un impacto político directo. Su desaparición debilita el perfil pragmático dentro del sistema y refuerza a los sectores más duros en plena escalada militar.

Israel no sólo ha eliminado a un alto cargo. Ha atacado al dirigente que conectaba la guerra con la política y la seguridad interna del régimen. Su ausencia reduce las opciones de una gestión estratégica más flexible y empuja a Irán hacia una respuesta más rígida en el conflicto.

TEMAS |
+ en
Fondo newsletter