«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
opera en territorios ocupados y participa en el adoctrinamiento militar de menores

La Cruz Roja sostiene la maquinaria de guerra del Kremlin mientras sigue recibiendo millones de Occidente

Cruz Roja.

La Cruz Roja participa en competiciones de entrenamiento militar para menores, colabora con estructuras propagandísticas vinculadas al Kremlin y extiende su actividad a territorios ocupados de Ucrania mientras continúa recibiendo millones de euros del movimiento internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja.

Según una investigación elaborada por Follow the Money, Paper Trail Media, DER STANDARD, Delfi, Expressen y el medio ruso exiliado Meduza, distintas delegaciones regionales de Cruz Roja participan en la organización de «Zarnitsa 2.0», una competición nacional de carácter militar dirigida a niños desde los ocho años. En esas pruebas, los menores aparecen arrastrándose por el barro, montando armas o manejando drones.

Uno de los ejemplos citados es la delegación de Sajalin, que colaboró directamente en la organización regional de estos juegos militares. La investigación concluye que no se trata de casos aislados, sino de una integración progresiva de la Cruz Roja rusa en la maquinaria propagandística y patriótica impulsada por el Kremlin.

Pese a ello, la organización sigue recibiendo financiación internacional. En 2024 obtuvo 6,5 millones de euros del Comité Internacional de la Cruz Roja y otros siete millones de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, una cifra que representa aproximadamente una cuarta parte de su presupuesto anual.

El profesor de Ciencia Política de la Universidad George Washington David Szakonyi asegura en la investigación que la Cruz Roja rusa «ha abandonado de facto su neutralidad como actor humanitario«. Por su parte, el defensor del pueblo ucraniano para los derechos humanos, Dmytro Lubinets, denuncia además una «grave violación» de los principios fundamentales de la organización.

La Comisión Europea sostiene que el dinero comunitario no llega directamente a la organización rusa gracias a mecanismos de control y programas finalistas. Sin embargo, ni la Federación Internacional ni el Comité Internacional han aclarado qué volumen de financiación europea termina beneficiando indirectamente a la Cruz Roja rusa.

La investigación también revela que el Kremlin destinó alrededor de 6,7 millones de euros a la Cruz Roja rusa para ampliar delegaciones en los territorios ocupados de Ucrania, formar voluntarios y sustituir actividades del Comité Internacional de la Cruz Roja.

La investigación denuncia igualmente la aparición de entidades como la «Cruz Roja de Donetsk» o la «Cruz Roja de Lugansk», pese a que las normas internacionales establecen que sólo la Cruz Roja ucraniana o el Comité Internacional pueden operar en esos territorios. Trabajadores de estas estructuras reconocieron incluso colaborar «con el pleno apoyo» de la Cruz Roja rusa.

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