La economía de Irán atraviesa uno de sus momentos más críticos de los últimos años. Los precios de algunos alimentos básicos se han multiplicado hasta por cuatro, la inflación anual supera el 80% y el rial continúa desplomándose mientras el bloqueo estadounidense y las consecuencias de la guerra asfixian las finanzas del régimen de Teherán.
Varios ciudadanos iraníes consultados por medios internacionales describen una situación en la que trabajar ya no garantiza poder cubrir las necesidades más elementales. «Estoy en modo supervivencia», explica bajo seudónimo un operador de criptomonedas de 33 años del oeste de Irán a The National. Sus gastos en alimentación se han triplicado y algunos productos cuestan ya hasta un 400% más que antes del conflicto con Estados Unidos.
La situación resulta todavía más grave para aquellos iraníes que no tienen acceso a divisas extranjeras y dependen exclusivamente de una moneda nacional que pierde valor prácticamente de forma continua.
El deterioro monetario es especialmente severo. La moneda iraní ha caído hasta alrededor de 1,88 millones de riales por dólar, agravando el coste de todos aquellos productos, materias primas y servicios vinculados de alguna manera con el exterior.
A ello se suma una inflación general que ya supera el 80% anual y un desempleo que alcanzó en junio el 9,1%, su nivel más elevado en cuatro años. El problema laboral se intensificó después de las protestas del pasado enero, cuando el régimen restringió durante aproximadamente tres meses el acceso a internet.
La medida golpeó especialmente a empresas, trabajadores autónomos y negocios dependientes de plataformas digitales. «Cada mañana es peor que el día anterior. Si no puedes ahorrar, no puedes comprar lo que quieres y no tienes un futuro previsible, ¿qué sentido tiene seguir trabajando?», lamenta uno de los ciudadanos entrevistados.
Los testimonios recogidos por distintos medios describen una creciente precarización. Trabajadores iraníes aseguran verse obligados a desempeñar dos o incluso tres empleos para hacer frente al coste de la vida, mientras la oferta laboral es cada vez más escasa.
Un joven de 26 años de Teherán, identificado como Saeed, explicó a Al Jazeera que posee un máster en literatura persa pero busca actualmente cualquier trabajo manual que le permita comprar alimentos. Según su relato, algunas empresas ofrecen jornadas de hasta 12 horas diarias durante seis días a la semana, sin seguro y con salarios sometidos a frecuentes descuentos.
«Esto no es vida, preocuparse todos los días por si podrás alimentar a tu familia», resume otro iraní citado por The National. Para muchos jóvenes, la emigración aparece ya como una de las pocas salidas posibles.
Frente a estos testimonios, el régimen intenta proyectar una imagen de normalidad. El ministro de Agricultura iraní, Gholamreza Nouri-Ghezeljeh, aseguró este lunes que la seguridad alimentaria del país permanece «intacta» pese al bloqueo estadounidense.
Según sus cifras, el 85% de los alimentos consumidos en Irán se producen dentro del país, mientras el Gobierno habría adoptado medidas para garantizar el 15% restante mediante importaciones.El ministro afirmó además que la producción avícola y de huevos habría crecido un 19%, la de los invernaderos un 18% y la de plantones un 62%.
También aseguró que Irán ha conseguido importar tres millones de toneladas de alimentos pese a las restricciones internacionales.Las cifras oficiales contrastan, sin embargo, con los testimonios de numerosos consumidores que denuncian subidas extraordinarias en los precios y dificultades crecientes para adquirir productos básicos.
El propio presidente iraní, Masoud Pezeshkian, ha realizado declaraciones considerablemente más pesimistas que las de su ministro de Agricultura. «Podíamos vender petróleo y ahora no podemos», reconoció recientemente.
El presidente también admitió que varios centros productivos han sido destruidos durante el conflicto, reduciendo tanto la actividad económica como la capacidad del Estado para recaudar impuestos.
«También tenemos que pagarles para que puedan seguir funcionando y las ruedas de la economía continúen girando», explicó. El petróleo constituye una pieza fundamental de las finanzas iraníes, por lo que las restricciones a su comercialización golpean directamente la principal fuente de divisas del régimen.
Los problemas no se limitan a los alimentos. El responsable de la Organización de Alimentos y Medicamentos de Irán, Mehdi Pirsalehi, ha reconocido que numerosos medicamentos esenciales han duplicado su precio. Otros altos funcionarios han advertido además de que la producción interna de combustible se está quedando por debajo de la demanda.
El Ejecutivo estudia introducir cuotas y nuevas subidas de precios, una decisión especialmente delicada en un país donde los incrementos del combustible han provocado importantes protestas sociales en el pasado. El vicepresidente Mohammad Reza Aref reconoció que la inflación se ha vuelto «dolorosa» y reclamó preparar al país para los «peores escenarios».
El Consejo Nacional de la Resistencia de Irán (NCRI), grupo opositor con sede en Londres, sostiene que el régimen está entrando en una combinación explosiva de hiperinflación, mala gestión económica y creciente malestar social.
La organización asegura que una parte cada vez mayor de la economía está desplazándose hacia mercados informales y circuitos clandestinos, dificultando todavía más el control estatal. El propio vicepresidente ejecutivo Mohammad Ja’far ha reconocido que una parte del dinero que circula en esos mercados escapa al conocimiento del Gobierno.
El NCRI sostiene además que Teherán está recurriendo nuevamente a restricciones sobre internet y mayores mecanismos de censura para tratar de contener nuevas protestas. El régimen prepara asimismo nuevas normas que podrían castigar con largas penas de prisión los contactos no autorizados con medios extranjeros o la transmisión de imágenes al exterior.