El Ejército de Malí ha asegurado haber «neutralizado a más de un centenar de terroristas» en una serie de bombardeos ejecutados en el marco de una contraofensiva tras los ataques coordinados lanzados el pasado fin de semana por grupos yihadistas y milicias tuareg en distintos puntos del país, incluida la capital, Bamako.
Según el Estado Mayor, la operación se produjo después de detectar una columna de motocicletas en movimiento hacia un refugio al oeste de Kolokani, en la región de Koulikoro, a escasos kilómetros de la capital. La respuesta aérea, según el comunicado oficial, se saldó con la destrucción de la logística enemiga y la eliminación de los combatientes.
Las autoridades militares han reafirmado su determinación de continuar las operaciones: «Los grupos armados terroristas serán perseguidos hasta sus últimas trincheras«, señalaron, en un contexto de creciente inestabilidad en el país.
La contraofensiva llega tras una oleada de ataques especialmente grave, que alcanzó incluso el cuartel general de Kati, núcleo del poder de la junta militar encabezada por Assimi Goïta. En ese contexto, el Gobierno ha decretado dos días de luto nacional tras confirmarse la muerte del ministro de Defensa, Sadio Camara, en los primeros compases de los enfrentamientos.
En paralelo, el llamado Africa Corps —denominación actual del antiguo Grupo Wagner— ha anunciado su retirada junto a las fuerzas malienses de la ciudad de Kidal, tras una «decisión conjunta», después de que el Frente de Liberación del Azawad afirmara haber tomado el control total de la zona.
La organización ha señalado que la evacuación incluyó personal herido y material pesado, aunque ha reconocido que «la situación en Malí sigue siendo compleja», sin detallar posibles bajas.
La escalada de violencia ha sido condenada por la Comunidad Económica de Estados de África Occidental, que ha denunciado la «naturaleza bárbara» de los ataques y ha llamado a una respuesta coordinada en toda la región.