El gasto militar global volvió a dispararse en 2025 hasta alcanzar los 2,89 billones de dólares —más de 2,46 billones de euros—, encadenando así once años consecutivos de crecimiento en un contexto marcado por guerras, tensiones geopolíticas y una acelerada carrera de rearme.
Así lo recoge el último informe del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo, que sitúa el incremento anual en un 2,9%. No obstante, el propio organismo advierte de que esta cifra está condicionada por la caída puntual del gasto de Estados Unidos, ya que sin ese descenso el aumento real habría sido del 9,2%.
Estados Unidos, China y Rusia concentran ya el 51% del gasto militar global, consolidando el peso de las grandes potencias en un escenario internacional cada vez más tensionado.
En este contexto, Europa se ha convertido en el principal motor del incremento, con un gasto total de 864.000 millones de dólares (737.000 millones de euros), lo que supone un aumento del 14% respecto a 2024, el mayor en décadas. La guerra en Ucrania y la presión estratégica han empujado a los países europeos a reforzar sus capacidades militares.
Rusia elevó su gasto hasta los 190.000 millones de dólares, mientras que Ucrania destinó hasta el 40% de su PIB a defensa, una cifra inédita que refleja la intensidad del conflicto. Paralelamente, los miembros europeos de la OTAN movilizaron 559.000 millones de dólares, en el crecimiento más rápido desde 1993.
Uno de los casos más significativos es el de España, que incrementó su gasto militar en un 50% hasta los 40.200 millones de dólares, superando por primera vez desde 1994 el umbral del 2% del PIB. Este salto marca un giro en la política de defensa nacional en línea con las exigencias de la Alianza Atlántica.
Fuera de Europa, la tendencia es igualmente ascendente. Asia y Oceanía aumentaron su gasto un 8,1%, con China consolidando su posición como segunda potencia militar mundial tras encadenar 31 años consecutivos de incrementos, alcanzando los 336.000 millones de dólares. Países como Japón o Taiwán también han elevado significativamente sus presupuestos en un contexto de creciente rivalidad en el Indo-Pacífico.
El informe apunta a que esta dinámica continuará en los próximos años. La combinación de conflictos abiertos, rivalidades estratégicas y presión de alianzas internacionales está consolidando un nuevo ciclo de rearme global, en el que la seguridad vuelve a ocupar un lugar central en la agenda política de los Estados.