El terrorismo islamista ha vuelto a golpear con brutalidad a la población cristiana en Nigeria. Cerca de 30 personas han sido asesinadas en un ataque perpetrado por miembros de Estado Islámico en la localidad de Gombi, en el estado de Adamawa, al noreste del país.
El asalto tuvo lugar el domingo por la tarde, cuando decenas de vecinos —en su mayoría cristianos— se encontraban reunidos en un campo de fútbol. Los terroristas irrumpieron en el lugar y abrieron fuego de manera indiscriminada contra jugadores y espectadores, provocando una escena de pánico y muerte.
Tras la masacre, los atacantes saquearon e incendiaron varias tiendas y prendieron fuego a una iglesia local, en un nuevo ataque directo contra símbolos y comunidades cristianas en la región.
Un testigo citado por medios locales ha señalado que pudo contar al menos 29 cadáveres, aunque el número de víctimas podría ser mayor debido a la existencia de desaparecidos. Por el momento, las autoridades no han confirmado una cifra oficial.
El grupo yihadista ha reivindicado la autoría del ataque a través de sus canales de propaganda, en el marco de su campaña sistemática de violencia contra la población civil, especialmente contra comunidades cristianas en el norte y noreste de Nigeria.
El gobernador del estado, Ahmadu Umaru Fintiri, condenó los hechos y prometió una respuesta contundente. «Este acto de cobardía es una afrenta a nuestra humanidad y no quedará sin castigo», afirmó, tras desplazarse a la zona.
En Nigeria operan distintas facciones vinculadas al terrorismo islamista, entre ellas la filial regional del Estado Islámico y grupos escindidos de Boko Haram, que desde hace años protagonizan una persecución sistemática contra los cristianos, con ataques a aldeas, iglesias y civiles indefensos.
La masacre de Gombi se suma a una larga lista de atentados que evidencian la creciente amenaza yihadista en África y el abandono internacional de comunidades cristianas que sufren una violencia constante.