Al menos 17 civiles han muerto este martes en un nuevo ataque atribuido a las Fuerzas Democráticas Aliadas (ADF), grupo vinculado a Estado Islámico, contra la localidad de Alima, en el territorio de Mambasa, provincia de Ituri, en el noreste de la República Democrática del Congo, región con más del 95% de cristianos.
Según fuentes de la sociedad civil local citadas por la emisora congoleña Radio Okapi, los asaltantes irrumpieron en la localidad, incendiaron casas y tiendas y robaron numerosas cabezas de ganado antes de huir.
Las mismas fuentes han advertido de que hay varios desaparecidos, por lo que se teme que el balance de fallecidos pueda aumentar en las próximas horas. También han reclamado a las fuerzas de seguridad un refuerzo urgente de su presencia en la zona ante el repunte de los ataques yihadistas.
El Gobierno congoleño atribuye la masacre a las ADF, una milicia nacida en Uganda en los años noventa y activa desde hace décadas en el este de RDC. El grupo ha asesinado a miles de civiles y, desde 2019, actúa bajo la bandera de la rama centroafricana de Estado Islámico, después de que su líder jurara lealtad a la organización yihadista.
El ataque se produce en una región ya golpeada por una grave crisis humanitaria y sanitaria. El noreste de RDC afronta desde la semana pasada un brote de ébola que ha dejado más de 500 casos sospechosos y alrededor de 130 muertes sospechosas, según los últimos datos de la Organización Mundial de la Salud.
La expansión de la violencia dificulta las labores de contención del virus. Los desplazamientos forzados, la destrucción de viviendas, el miedo de la población y la inseguridad en los caminos complican el acceso de los equipos sanitarios a las comunidades afectadas.
Las ADF han atacado de forma recurrente aldeas, iglesias, comunidades rurales y zonas mineras en el este congoleño. Aunque en este ataque concreto las fuentes locales no han precisado la religión de las víctimas, la organización forma parte del ecosistema yihadista regional y ha sido señalada en numerosas ocasiones por ataques contra comunidades cristianas y civiles indefensos.
La provincia de Ituri y otras zonas del este de RDC viven desde hace años bajo la presión de grupos armados, redes criminales, milicias étnicas y organizaciones yihadistas que operan en un territorio de enorme riqueza minera y débil presencia estatal.