
Sudáfrica vive un despertar ciudadano frente a la inmigración masiva que desborda su sistema sanitario y amenaza su futuro. La Operación Dudula —cuyo nombre en zulú significa «empujar fuera»— se ha convertido en la voz de miles de sudafricanos que exigen prioridad en hospitales y servicios básicos para los nacionales.
Vestidos con camisetas de su movimiento, los voluntarios de Dudula se sitúan a las puertas de clínicas y hospitales de Johannesburgo y exigen a los pacientes mostrar un carné sudafricano. Quienes no lo tienen deben acreditar seguro médico o visado sanitario. Si no, son apartados de la cola. «Estamos defendiendo a nuestro pueblo porque el Gobierno no lo hace«, explican.
Con un 33% de desempleo y más de 2,4 millones de inmigrantes, en su mayoría llegados de países vecinos, Sudáfrica se ha convertido en la meca de inmigrantes ilegales que saturan el sistema. La situación ha derivado en un deterioro de los servicios públicos, una explosión de la criminalidad y un futuro incierto para las nuevas generaciones.
«Siempre somos los últimos. Los extranjeros están al frente: en los trabajos, en las casas, en los hospitales. Si no luchamos, nuestros hijos no tendrán futuro«, advierte Alton Stephens, empresario de seguridad y candidato de Dudula en las próximas elecciones locales.
Lo que comenzó en 2021 como un movimiento vecinal contra el narcotráfico y los negocios ilegales de inmigrantes, se ha transformado en un fenómeno nacional que ahora da el salto a la política, con candidatos que disputarán elecciones municipales en Johannesburgo.
Sus líderes no ocultan su simpatía por políticas como las de Donald Trump en Estados Unidos. «Él construye muros para proteger a su gente, nosotros defendemos nuestros hospitales«, afirma Siphiwe Shabangu, dirigente nacional de Dudula.
Pese a las críticas de ONG y partidos progresistas, Dudula goza de un respaldo popular creciente. No son «grupos violentos» ni «vigilantes xenófobos», como los caricaturizan sus detractores, sino padres y madres de familia que se niegan a ser despojados de su derecho a una vida digna en su propia patria «Estamos cansados de sentir lástima —asegura Shabangu—. Ha llegado el momento de que los sudafricanos estén primero en su propia tierra«.