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EL PODER DE LOS PETRODÓLARES

Qatar 2022, el Mundial de la vergüenza (II): la compra de Occidente

El presidente del PSG, Nasser al-Khelaifi , junto al exfutbolista inglés David Beckam. Europa Press.

Este domingo da comienzo el Mundial de fútbol, el acontecimiento deportivo más importante del mundo. Hasta el próximo 18 de diciembre, 32 selecciones nacionales tratarán de conseguir el trofeo más preciado del deporte rey. La polémica de esta edición de la competición ―a pesar del silencio de los grandes medios, empresas patrocinadoras e instituciones occidentales― ha sido provocada por la elección de la sede: Catar.

Una vez vistas algunas pinceladas de la legislación existente en Catar, inspirada en la más rigorista interpretación de la ley islámica, la explotación de trabajadores, humillación de las mujeres, y demás lindezas fomentadas por la monarquía absoluta del Golfo Pérsico, nos preguntamos: ¿cómo es que la FIFA y sus adláteres, con la connivencia y el aplauso de las grandes empresas, gobernantes e instituciones occidentales, tan progresistas, solidarios y gay friendly todos ellos, acuden sonrientes a este pequeño apéndice de la península arábiga contribuyendo a blanquear a este país islámico?

La compra de Occidente

Catar es un país rico, muy rico, debido a sus ingentes reservas de petróleo y, sobre todo, de gas natural, ya que cuenta con una de las reservas más grandes del mundo; de hecho, es el segundo país exportador de gas del planeta tras Estados Unidos. Esta circunstancia ha facilitado que el pequeño país haya invertido más de 400.000 millones de dólares en más de 40 países en los últimos lustros; hecho que ha permitido al emirato situarse entre los principales accionistas de muchas empresas importantes a lo largo y ancho del globo.

En este proceso de infiltración financiera en Occidente, una estrategia que ha lavado la imagen del régimen islamista, hay que mencionar al Qatar Investment Authority (QIA), el fondo soberano impulsado por el Estado qatarí en 2005 para gestionar los descomunales superávits generados por la industria del petróleo y del gas.

En Reino Unido, QIA es dueña del Grupo Harrods; es el mayor accionista de la cadena de distribución Sainsbury’s; tiene una importante participación en Barclays, el aeropuerto de Heathrow y British Airway; se encuentra entre los mayores accionistas de la Bolsa de Londres; y financió la construcción del Shard, el edificio más alto de Europa, entre otras cosas.

En Alemania, por ejemplo, Catar ha invertido en los últimos años más de 20.000 millones de euros en empresas como Volkswagen, Deutsche Bank, Siemens, Hochtief y SolarWorld. En Francia, Catar también ha invertido miles de millones de euros. En París, por citar un caso, QIA ha comprado edificios por cientos de millones de euros, incluido un hotel ubicado en los Campos Elíseos por valor de 500 millones.

Seguimos citando ejemplos del poderío de Catar en Occidente: En 2010, QIA fue parte del grupo inversor que adquirió Miramax Films de manos de Walt Disney. El fondo soberano catarí también tiene acciones, en torno al 10%, de Empire State Realty Trust Inc, propietario del legendario Empire State Building en Nueva York. En Italia, Mayhoola for Investments, otro fondo propiedad de la familia real catarí adquirió la marca de lujo italiana Valentino Fashion Group SpA por unos 700 millones de euros.

España no ha escapado a los tentáculos cataríes: el país árabe tiene importantes participaciones en cuatro grandes compañías españolas, en concreto Iberdrola, IAG ―donde se enmarca Iberia―, Colonial y El Corte Inglés. Casi nada.

En mayo de este año, el emir de Catar, Tamim bin Hamad Al Thani, visitó nuestro país y anunció una nueva inversión de 4.700 millones de euros. En su visita, el monarca absoluto fue agasajado por los presidentes de Iberdrola, Ferrovial, Acciona, Banco Santander, El Corte Inglés y Naturgy, entre otras grandes compañías. El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, le otorgó la medalla de oro del Ayuntamiento de Madrid; todos rendidos ante el régimen islamista.

A golpe de petrodólares, la monarquía absoluta islamista ha ido comprando voluntades en todo Occidente, creando un gigantesco entramado financiero y diplomático para lavar su imagen en todo el mundo. ¿Cómo van a criticar las élites los abusos y atropellos de este emirato? ¿Qué país occidental no va a reírle las gracias a un régimen islamista que participa en las principales empresas de casi todos ellos?

El fútbol: otra forma de lavar su imagen

En esta estrategia de infiltración financiera, en aras de lavar su imagen, no podía faltar el deporte y, más concretamente, el fútbol. Bajo el paraguas del QIA, el país árabe creó en 2005 el Qatar Sports Investments (QSI), una organización cuyo objetivo es invertir en sectores del deporte, el ocio y el entretenimiento. El presidente del QSI es Nasser Al-Khelaifi, amigo personal del emir de Catar.

Esta compañía compró en 2011 el Paris Saint-Germain, colocando a Al-Khelaifi de presidente. Pasando de ser un equipo mediocre, desde la llegada del dinero qatarí el PSG se ha convertido en uno de los equipos más importantes del continente, desembolsando más de 1.000 millones de euros en jugadores de la talla de Messi, Neymar, M’bappé, Ibrahimovic, Beckham y un largo etcétera.

Además, Al-Khelaifi fue nombrado miembro de la directiva de la UEFA y forma parte del consejo de administración de la Liga Profesional Francesa. También preside el beIN Media Group, un conglomerado catarí de entretenimiento, deportes y eventos internacionales con presencia en 43 países

El Qatargate

En enero de 2013, un artículo de la revista francesa France Football explicó como los qataríes habrían pagado sobornos para conseguir votos a favor de la candidatura del Mundial de Catar. Según estas informaciones, el presidente de Francia por entonces, Nicolas Sarkozy, habría supervisado personalmente el trato.

La investigación mencionó una reunión secreta celebrada en el Palacio del Elíseo, el 23 de noviembre de 2010, pocos días antes de que la FIFA designara a Catar como sede del Mundial de 2022. Sarkozy se habría reunido con el príncipe heredero de Catar ―ahora emir―, Al-Thani, con el entonces presidente de la UEFA, Michel Platini y con el expropietario del PSG, Sebastián Bazin. En la reunión, según reveló este artículo, se habría acordado que Platini votaría a favor de Catar en vistas al Mundial y que, a cambio, el país árabe ayudaría a superar la grave crisis financiera que sufría el conjunto parisino.

Nueve días después de la conjura, el Comité Ejecutivo de la FIFA eligió la candidatura de Catar para el Mundial de 2022; meses después, el fondo Qatar Investment Authority adquirió el 70 % de las acciones del PSG. No sabemos si la reunión se produjo tal cual lo contó la revista francesa, pero lo cierto es que Platini fue cesado debido a casos de corrupción en torno a la designación de la cita mundialista.

Después de echar un vistazo al despliegue económico catarí resulta más fácil entender por qué la FIFA, con la complicidad y el aplauso de las grandes empresas, gobernantes e instituciones occidentales, ha elegido a este país como sede a pesar de los flagrantes atropellos de los derechos que se producen allí; y cómo, todos juntos, acuden felices a participar en la fiesta del fútbol. 

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