La violencia yihadista vuelve a sacudir el centro de Nigeria. La comunidad cristiana de Tse-Kaseve, en el estado de Benue, permanece de luto tras el asesinato de dos inspectores de policía y cuatro civiles cristianos en un ataque armado atribuido a milicianos procedentes de un estado vecino.
Según informa TruthNigeria el asalto se produjo el martes 10 de febrero de 2026, alrededor de las 16.00 horas, cuando más de 150 hombres armados, desplazándose en unas 100 motocicletas, irrumpieron violentamente en la aldea tras cruzar la frontera estatal. Los testigos aseguraron que los atacantes gritaban «Allahu Akbar» (Alá es grande), mientras abrían fuego de manera indiscriminada contra agentes de seguridad y población civil.
Los dos inspectores asesinados se encontraban custodiando la comunidad en el momento del ataque, en una zona marcada desde hace años por enfrentamientos entre agricultores cristianos y pastores armados.
El presidente del condado condenó los hechos y los describió como «una invasión coordinada por una milicia armada» que estaría intentando reagruparse tras operaciones de seguridad previas. Confirmó que dos policías y cuatro residentes fueron brutalmente asesinados y señaló que, tras el ataque, se ha desplegado un contingente reforzado del Ejército nigeriano, la Policía y otras fuerzas paramilitares, asegurando que «la situación está actualmente bajo control».
En paralelo, líderes tradicionales, religiosos y políticos han respaldado el despliegue de fuerzas especiales nigerianas así como la llegada de 200 efectivos de las Fuerzas Especiales de Estados Unidos para entrenar y asesorar al Ejército local, en un contexto de deterioro acelerado de la seguridad.
Por su parte, el Cuartel General de Defensa confirmó que Washington autorizó el despliegue de 200 soldados estadounidenses para labores de entrenamiento y apoyo técnico. El mayor general Samaila Uba declaró a medios locales que «Estados Unidos enviará tropas para apoyar el entrenamiento y la asistencia técnica».
Un jefe local calificó el despliegue como «una intervención largamente esperada», mientras que el reverendo de la comunidad local aseguró que la cooperación bilateral «ofrece una esperanza renovada a las familias desplazadas».