La primera ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar, ha señalado que permitirá a las fuerzas estadounidenses operar desde territorio trinitario si Washington lo solicita para responder a una eventual agresión venezolana contra Guyana. La jefa de gobierno recalcó que su país mantiene lazos históricos con el pueblo venezolano, pero advirtió que no dudará en alinearse con Estados Unidos si el régimen de Nicolás Maduro intenta invadir o atacar a su vecino.
El anuncio supone un giro significativo en la seguridad del Caribe, en un momento de fuerte tensión por la disputa territorial del Esequibo y con un incremento notable del despliegue militar estadounidense en la zona. En las últimas semanas, buques de guerra como el destructor USS Gravely o las fragatas USS Jason Dunham y USS Sampson han navegado cerca de las costas venezolanas en operaciones destinadas a reforzar la seguridad marítima y frenar el avance de las redes de narcotráfico.
Persad-Bissessar fue tajante: «Si Maduro decide lanzar un ataque contra el pueblo guyanés o invade su territorio, y el gobierno de Estados Unidos solicita acceso a Trinidad y Tobago para defender a Guyana, se lo concederemos sin reservas». Sus palabras se enmarcan en una dinámica regional marcada por el silencio inicial de varios gobiernos caribeños frente a la estrategia de Washington, y por la posterior adhesión de Georgetown, que fue el primero en expresar públicamente su respaldo a la iniciativa estadounidense.
Guyana, epicentro de la controversia territorial y potencia emergente gracias a su riqueza petrolera, ha insistido en que la Corte Internacional de Justicia es el único foro legítimo para resolver el diferendo. Defiende el Laudo Arbitral de París de 1899, que otorgó la soberanía a la entonces Guayana Británica sobre los 160.000 kilómetros cuadrados del Esequibo. Venezuela, en cambio, rechaza la competencia de la CIJ y sigue reivindicando el territorio, más aún tras el referéndum celebrado en diciembre de 2023 para justificar su anexión, lo que provocó alarma internacional por el riesgo de escalada bélica.
La posición firme de Trinidad y Tobago se suma a un clima de creciente preocupación regional. Países como Surinam, Barbados y las Islas Turcas y Caicos también padecen un aumento de la violencia ligada al crimen organizado, lo que ha impulsado nuevas fórmulas de cooperación en seguridad. Para Guyana, este respaldo es crucial: el presidente Irfaan Ali ha subrayado que su país está preparado para defender su soberanía y que necesita reforzar alianzas con socios de confianza en un «nuevo entorno» de amenazas.
Ali ha insistido además en que las actividades de grupos criminales asociados al chavismo, entre ellos el denominado Cartel de los Soles, liderado por militares próximos a Maduro, son un factor desestabilizador que exige mayor coordinación internacional. «Lo que ocurra en el Esequibo no sólo concierne a Guyana», advirtió, «sino a toda la región, que puede verse arrastrada a una crisis de seguridad».