«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Director de Rius TV en YouTube. Trabajó antes en La Vanguardia y en El Mundo. Director de e-notícies durante 23 años.

¿Normalización política en Cataluña?

25 de julio de 2026

La prueba de que la ‘ley de amnistía’ no ha favorecido la convivencia en Cataluña es que el mural en honor de Ferran Torres en Barcelona duró menos de un día. Lo pintó un artista urbano, TVBoy, el pasado martes cerca de la estación de Joanic, en el barrio de Gracia.

Incluso a mí —tan reticente a los grafitis—, me pareció una obra de arte. Sin embargo, empezó a circular la foto y las redes se llenaron de odio. JordiQ, que se define como «culer, marica, indepe«, se ofreció para «pagar los dos botes de pintura de 25 kg del Leroy Merlin para borrar este mural infecto”. Y otro que responde al nombre de «FandeNuriaFeliu!, una cantante catalana entusiasta del proceso ya fallecida (1941-2022), fue más suave, pero también le dijo al autor que «no hace falta”. Gracias».

El mural en cuestión fue vandalizado apenas unas horas después por unos encapuchados con las habituales pintadas de «Puta Espanya», «Volem seleccions» y la estelada. No quiero ni imaginar cómo se pondrían algunos si, en cualquier calle de España, apareciera una pintura de «Puta Cataluña». Yo, desde luego, el primero.

Aunque mírenlo por el lado bueno: lo de «Puta España» —y perdón por citar el improperio por segunda vez— es señal de impotencia. Alguien o algo tiene que pagar los platos rotos. Si España no existiera, que tampoco es el caso, los indepes tendrían que inventarla. Necesitan un enemigo para poder ahogar sus propias frustraciones. Otros las ahogan en el alcohol.

El asunto me recuerda al de aquella heladería argentina que también fue pintarrajeada el año pasado por la misma zona. Todo porque una dependienta no sabía que la palabra «maduixa» significa «fresa» en castellano. Un concejal de distrito de ERC puso el grito en el cielo. Yo me quedo, no obstante, con la versión de los hechos que dio el propietario del local en una entrevista a Antena 3. El militante de Esquerra lo amenazó con denunciarlo por «discriminación lingüística» y él negó los hechos. «Yo le dije que tu mujer nos insulta y nos faltó al respeto», relató. Y añadió que «su mujer estaba al lado y dijo: ‘sí, sí, yo le dije imbécil’». No hay más preguntas, señoría.

El diputado de VOX Alberto Tarradas —yo hablo siempre con él en catalán— también denunció en su perfil en X las pintadas contra una familia de Gerona que se le ocurrió colgar la bandera de España antes del partido. «Salellas es responsable de la degradación, violencia e inseguridad que sufre nuestra ciudad. La de los suyos y la importada», añadió. En alusión al alcalde de la CUP que, ante el declive de la formación, montó una candidatura propia con el lema “Guanyem”. Hasta salió elegido con los votos de Junts, que prefirieron votarle a él en vez de dejar gobernar a la ganadora, la socialista Sílvia Paneque, en minoría. Ahora han roto el pacto municipal con no sé qué excusa. Es evidente que se acercan elecciones.

No sé si las pintadas corrieron a cargo de «amigos» del mencionado alcalde, como aseguraba el parlamentario. Tampoco me extrañaría. A una diputada de la CUP ya la pillaron un día haciendo una peineta a Joan Garriga en el Parlamento catalán. Que conste que ambas formaciones están separadas solo por un pasillo. Y Arran, la organización juvenil, se especializó en su día —en los momentos álgidos del proceso— en vandalizar las sedes de Ciudadanos, PP e incluso el PSC.

Por eso, a la ley que bautizaron pomposamente con el nombre de «para la normalización institucional, política y social en Cataluña» no ha cumplido su función. En realidad, es un sucesión de posverdades. Basta leer el preámbulo cuando expone que esta medida de gracia «ha sido utilizada en numerosas ocasiones en nuestra tradición jurídica. No es una vía novedosa, cuenta con numerosos precedentes en España. El más importante, pero no el único, es la Ley de Amnistía de 1977». ¡Claro! Salíamos de una dictadura. Era un cambio de régimen. No como ahora.

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