Miles de españoles ven hoy cómo se expropian sus tierras para arrancar los olivos —y otros árboles— para colocar placas fotovoltaicas, una decisión que transforma los paisajes naturales y que trae consigo graves consecuencias económicas y sociales.
Un estudio científico publicado publicado en la revista Renewable and Sustainable Energy Reviews y recogido por Jara y Sedal ha revelado que esas placas fotovoltaicas causan la muerte a más de 17 millones de aves cada año.
El estudio ha sido elaborado por una investigadora de la Universidad Murdoch de Australia. Los huertos solares se han convertido en muchas partes del mundo en «auténticas trampas ecológicas». Basándose en datos reales en Estados Unidos, los investigadores estiman que este tipo de instalaciones matan cada año a más de 17 millones de aves.
Una de las causas principales es la «contaminación lumínica polarizada». Los paneles solares reflejan la luz del sol de forma similar a una superficie de agua, un efecto óptico que confunde a las aves, que descienden creyendo que es un río o un lago, y chocan con las estructuras metálicas. Asimismo, el brillo permanente de las placas también atrae a insectos… lo que las convierte en focos de alimento mortales para algunas de ellas.
Los investigadores señalan que es una auténtica «trampa ecológica» porque se simula las condiciones de su hábitat, pero en realidad se expone a las aves a una muerte más que probable.