«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Un nuevo estudio del Instituto Coreano para la Unificación Nacional (KINU)

Un informe revela que el régimen comunista de Corea del Norte mantiene 65.000 presos políticos en campos de trabajo forzado

El líder de Corea del Norte, Kim Jong-un. Europa Press

Un nuevo informe del Instituto Coreano para la Unificación Nacional (KINU), organismo financiado por el Gobierno surcoreano, ha confirmado que el régimen comunista de Kim Jong Un mantiene actualmente unos 65.000 presos políticos en cuatro campos de detención situados en las provincias norcoreanas de Pyongan del Sur y Hamgyong del Norte.

El estudio, elaborado a partir de imágenes satelitales y testimonios de desertores norcoreanos, describe un sistema de represión planificada, donde los detenidos —acusados de «traición», «crímenes políticos» o simples críticas al régimen— son sometidos a trabajos forzados, torturas y ejecuciones sumarias.

Según los investigadores, estas instalaciones reemplazan parcialmente a otras clausuradas o trasladadas en los últimos años, pero siguen funcionando como pilares del sistema de terror estatal. En una de ellas, recuerdan, fue ejecutado el tío del propio Kim Jong Un, acusado de conspirar contra el líder.

«A diferencia de una prisión convencional, los campos políticos son lugares donde los presos pierden su condición humana», señala el informe, que advierte que algunos complejos están situados junto a instalaciones nucleares, lo que sugiere que los reclusos podrían ser forzados a trabajar en programas atómicos del régimen.

El KINU estima que, aunque la cifra total de prisioneros ha disminuido desde los 120.000 calculados en 2013, la brutalidad del sistema sigue intacta. Los investigadores detectaron nuevas construcciones, torres de vigilancia y fosas comunes visibles desde el aire.

La Oficina de Derechos Humanos de la ONU respaldó recientemente estos hallazgos, denunciando en septiembre que Corea del Norte sigue practicando detenciones arbitrarias, esclavitud laboral y represión sistemática de cualquier disidencia. «Ninguna otra población del mundo sufre restricciones tan absolutas como la norcoreana», subrayó Naciones Unidas.

En el país más hermético del planeta, ser acusado de escuchar una emisora extranjera, ver una película, poseer una Biblia o criticar al Partido de los Trabajadores puede llevar a un ciudadano y a toda su familia a uno de estos campos. Muchos no salen con vida.

Los analistas del KINU concluyen que el aparato represivo de Pyongyang sigue siendo esencial para la supervivencia del régimen, que utiliza el miedo como su principal arma política. Un modelo totalitario que, ocho décadas después de la creación del Estado comunista norcoreano, permanece como una de las expresiones más puras y crueles del despotismo ideológico en el mundo contemporáneo.

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