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No son los datos que ha podido obtener el globo

Xi Jinping logra la información que quería para preparar el próximo duelo en el Pacífico

El presidente de China, Xi Jinping. Europa Press

Los periodistas usamos y abusamos de la expresión «globo sonda» para definir una medida que se toma sólo para probar la reacción que provoca, y todo apunta que la esperpéntica aventura de este fin de semana del globo espía chino que ha recorrido los cielos de Estados Unidos de oeste a este para acabar abatido sobre el océano tiene toda la pinta de ser exactamente eso.

O este globo chino avistado sobre Montana y Missouri esta semana, y recién derribado frente a la costa de Carolina del Sur por un F-22 Raptor, era un globo sonda, para calibrar la reacción de los norteamericanos, o nada de todo esto tiene sentido. Ahora Xi Jinping tiene la información que quería, y que no es principalmente las imágenes que pueda haber obtenido el globo.

Repasemos los acontecimientos. En vísperas de la visita del Secretario de Estado Blinken a China, donde se reuniría Xi, un rarísimo privilegio, China decide China enviar un globo espía que sobrevuela objetivos estratégicos estadounidenses. Y no una cosa discreta, un minúsculo dron invisible o un satélite espía, sino un globo enorme, del tamaño de varios autobuses, visible a simple vista desde la superficie.

Tampoco podía ser para demostrar al mundo que dispone de esa tecnología, porque eso ya era evidente. De hecho, después de que se identificara el objeto y se hiciera pública su presencia en los cielos de la Unión, el Pentágono reconoció que llevaba bastante tiempo siguiendo el globo y que no era la primera vez que ocurría un incidente de este tipo. Sólo que en su momento callaron y en esta ocasión, inopinadamente, optaron por darle publicidad. Primera consecuencia: Blinken anunció que pospondría su viaje a China, del que podría haber surgido, soñar es gratis, un periodo de distensión entre ambos países.

Además, el Pentágono podría haber derribado el globo en cualquier momento, y eso era lo esperable. La excusa de que el derribo podría tener efectos colaterales sobre civiles no podía ser más ridículo, sobre todo porque fue identificado frente a las costas de Alaska, sobre el mar. Y se le ha dejado pasearse por todo Estados Unidos, de noroeste a sudeste, hasta derribarlo sobre el mar junto a las Carolinas.

¿De qué ha ido todo esto? Les propongo algo parecido a una solución: el caso Mathias Rust, los viejos del lugar lo recordarán. El 28 de Mayo de 1987, una Cessna 172 Skyhawk matrícula D-ECJB llegaba hasta las puertas del mismísimo Kremlin moscovita aterrizando en el centro de una Plaza Roja completamente abarrotada de visitantes.

Todavía existía la Unión Soviética, cuyo secretario general, Mijaíl Gorbachov, trataba de reformar frente a la determinada oposición del ala dura del régimen, y la aventura de Rust, que dejaba en ridículo los sistemas de defensa soviéticos y revelaban la putrefacción del régimen, fue un «inesperado» aliado de la causa reformadora.

China sólo ha perdido un globo, pero ha aprendido muchísimo de la psicología de los mandos norteamericanos, una información más valiosa que cualquier «plano secreto» y que le resultará vital para un próximo «duelo al sol» en el Pacífico.

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