«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
La Gaceta de la Iberosfera
Buscar
Cerrar este cuadro de búsqueda.
Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.
Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.

A los dos lados del Pecos

28 de mayo de 2024

No tenía bastante Vox con la peperosfera, que también encuentra críticos entre la fachosfera. Si uno mira la heterogeneidad a la derecha de la derecha, a este lado del río Pecos, se da cuenta de que hay muchas voces que, por libres o por interesadas, son contrarias o más bien críticas: predicadores y puristas de todo tipo, geoestratéticos, disidencia incontrolada, hilouebecqs (Houellebecqs del hilo), antisistemas con muchos trienios de desierto, pata negras de la conspiración, negacionistas de todo, overtonclastas, púlpitos y partidos o partidillos pululantes que se pretenden alternativas reales. Surgen iniciativas divisorias más o menos egocéntricas para ir «una vez por todas contra el sistema», hostilizar también el Youtube y el Telegram.

Pero mientras este mundillo bulle, el PP sigue en una batalla existencial contra Vox. Así lo manifestó un órgano de pensamiento, FAES, que además consideró a Abascal no europeísta, cosa que sí sería Meloni (no descartemos a Ayuso diciendo cosas en italiano muy pronto). El mismo día Vox puede ser considerado antieuropeísta por Feijoo y demasiado europeísta al otro lado del río Pecos.

«Patriotismo es sacrificio», piensa FAES, y a Vox se le pide que de la vida por la patria. Su papel, vuelven a repetirlo, es el de ser extra o turbo o alza para rascar votos que dar al PP sin rechistar. Allá donde no alcance Feijoo y el chelipopulismo de Ayuso, que llegue Vox, capte votos, los entregue en conserjería y se vaya. Todo lo demás es pinza.

Pero el asedio a Vox no se produce solo por el lado del PP, la terrible y moderada peperosfera (¡ni una mala palabra, ni una buena acción!), también existe a su derecha o en el otro límite, el de lo antisistema, donde acaba la ciudad y se observan movimientos de tierras y grúas (anti)políticas como en una operación Chamartín.

Por el flanco obrero y urbano: izquierdas alternativas de todo tipo; por el lado de la abstención: Alvise y postrevijanismo; por la derecha dos oposiciones claras: la derecha fuerte palera o falange definida por una postura inconciliable en política internacional (Israel) y la derecha llamada «liberal», que se dibuja en el arco que va del losantismo hasta los exdiputados de Vox, que se autoperciben y proyectan (y son proyectados) como conciencia liberal purgada frente al buxadismo (la cosa es tal que al otro lado del Pecos habría incluso otro liberalismo, una suerte de ultraliberalismo superaznarista pero desde el lado basado de la vida, exigiendo un atlantismo aun más allá, más cerrado, belicoso y frenético).

Por el lado derechista, antisistema y de la abstención, por tanto, todos esos frentes bullendo, y por el del sistema, la peperosfera, erizadas las tertulias de púas michavílicas  y alambradas eléctricas. ¡Menudo entrepá! Y por Madrid, es decir, un poco por todos lados, Ayuso, cazatendencias del populismo que sigue creando. El domingo volvió a inventar. A su discurso autonómico contra el fascismo, el comunismo, el socialismo, el terrorismo, el nacionalismo, el populismo, el islamismo y todos los ismos de una eterna Guerra Fría, añadió el tropo de «derribar los muros», porque al ser Madrid a la vez integradora y liberal nos da lo mismo el muro fronterizo que el de Berlín que el del sanchismo. No-que-re-mos-mu-ros. Ayuso hace un discurso a tope neocon pero luego le añade esto, y así lo centra, lo edulcora, lo acerca al progresismo correcto. El discurso neocon (que sigue siendo oficialmente hegemónico, queramos o no) ella lo lleva un paso más allá, lo estira hasta la misma orilla del PSOE: derrotamos al comunismo, derribamos el muro de Berlín y ahora derribaremos todos los muros (welcome). Madrid, ciudad abierta (o más bien región, y también región ideológica, conjetura política).

Como Madrid está en el centro, ella puede estar en el kilómetro cero donde ser woke y neocon a la vez o según los días (hay aquí un eau de Macron, una perfección otanera de bisagra, de ciudad axial). Recordemos que Ayuso está influenciada ya por la «derecha constitucional ilustrada» de Savater, la anfibia genialidad centrista. Es un discurso completamente globalista el suyo al que no se llega, como Sánchez, por el humanitarismo progre y la alianza civilizacional de Zapatero sino por lo neocon del aznarismo actualizado. Es decir, llega a lo mismo pero luchando contra el comunismo.

Es todo un gran carajal y quizás por eso sonó hasta apropiado su «carajo» de Milei, con el que estaba cantado que haría apropiación cultural.  De Milei se quedan con eso pero no con lo que comparte con Vox: la propuesta de eliminar las subvenciones a los partidos políticos, asunto muy importante en el que los «liberales» del PP y del ultrapepé no quieren entrar porque un liberalismo que sale del centro del Estado, ¿qué liberalismo es?

Es algo que atañe también al otro límite, el antisistema, porque amenaza al núcleo del régimen, la partitocracia. Desenchufar a los partidos del presupuesto sería empezar a desenchufarlos del Estado dejándolos en la sociedad civil o política, donde han de estar. Sería el principio de un gran avance democratizador. Pero mejor quedarse en madrileñizar el carajo, abundando el carajote, y melonizar  las conciencias.

.
Fondo newsletter