«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Director de Rius TV en YouTube. Trabajó antes en La Vanguardia y en El Mundo. Director de e-notícies durante 23 años.

A por el voto musulmán

24 de septiembre de 2025

El corresponsal de La Vanguardia, Rafael Ramos, lo contaba bien el pasado lunes en una crónica: «El Reino Unido tiene un sentimiento de culpa por haber sido la potencia colonial en Palestina hasta hace setenta años». «Y también tiene miedo, en este caso político, a que la pérdida de votos por el apoyo a Israel en las circunscripciones de mayoría musulmana y ciudades universitarias (y entre la izquierda en general) les cueste el poder», añadía.

Luego insistió en que el primer ministro británico había justificado la decisión de reconocer el «Estado palestino» para «mantener vivo un proceso de paz», pero que, en realidad, el miedo electoral «ha sido un factor decisivo». En el último sondeo su intención de voto era ya sólo del 16%, empatado con los conservadores apenas un año después de llegar al poder, aunque lo más significativo es que, traducido en votos, se vislumbra una «victoria aplastante» de Nigel Farage en la próxima convocatoria electoral.

Ramos es el último representante de una generación histórica de corresponsales de La Vanguardia. Cuando yo entré a trabajar en este periódico, allá por los años 80, estaba él en Washington. Pedro Sánchez Queirolo en París. Ricardo Estarriol en Viena. Valentín Popescu en Bonn. El Muro de Berlín todavía no había caído. Estábamos aún en plena Guerra Fría. Lo cierto es que todos los gobiernos que han dado el paso de reconocer el «Estado palestino» lo hacen más por factores de política interna que externa. Es como agarrarse a un clavo ardiendo, a una tabla de salvación.

Pedro Sánchez ha hecho lo mismo. En cuanto vio que las protestas en la Vuelta iban en auge —en parte alentadas por el propio gobierno o por medios de comunicación afines— se subió a ellas. Así no se habla de otra cosa. Y el PP ha vuelto a ponerse a la defensiva. Esos complejos de siempre. Si sucumbe al marco mental del PSOE, Feijoo nunca llegará a La Moncloa. Hasta lo de las pulseras, no se hablaba de otra cosa. Desde luego, amplificado: «genocidio», «crímenes de guerra». Con lo cual todos los que no comulgamos con Hamás somos automáticamente tachados de inhumanos, seres sin sentimientos. Con el proceso hacían lo mismo. Están empleando las mismas técnicas.

Nadie recuerda que Pedro Sánchez gobierna en minoría, que la única ley importante que ha conseguido aprobar es la de la Amnistía, que ha pactado con un huido de la justicia y que tienen que reunirse con él en Suiza. Ni siquiera ha conseguido aprobar los Presupuestos en dos años. Y aquí no pasa nada. Sin olvidar las investigaciones judiciales que afectan a su hermano, a su mujer, al exnúmero tres del PSOE y al exministro de Fomento, entre otros.

No en vano, el viaje oficial del presidente a Nueva York para participar en la Asamblea General de las Naciones Unidas coincide con la decisión de la Audiencia de Badajoz de dejar a su hermano a las puertas del banquillo. Respecto a Macron, la cosa no está mucho mejor. Todavía recuerdo que empezó de titular de Economía con Manuel Valls de primer ministro (2014-2016). Fue el que liberalizó los horarios comerciales. En Cataluña llevamos años con esta asignatura pendiente. Luego creó un partido ad hoc, ¡En marcha!, para impedir la victoria de Marine Le Pen en las presidenciales de 2017 y de 2022. Desde esta última fecha ha quemado nada más y nada menos que siete primeros ministros. El penúltimo, François Bayrou.

Francia está cogida con pinzas. No voy a entrar en el tema de las banlieues, pero basta recordar aquel tuit de Martin Varsavsky tras una final de la Champions en París —ganó el Real Madrid— sobre los «cientos de africanos parisinos atacando a los fans» y desplumándoles de relojes y otros objetos de valor. Económicamente lleva generando déficit de manera interrumpida desde los años 50. La situación es insostenible. Una deuda pública del 116% del PIB. Aunque aquí, a pesar de que algunos digan que España va como un cohete, no vamos mucho mejor: un 102% del PIB. Claro que el PIB francés es casi el doble que el español: tres billones frente a uno y medio.

No obstante, todo ello revela también la importancia creciente del voto musulmán en el Viejo Continente. En Francia, en la primera vuelta de las legislativas del año pasado, ganó el partido de Marine Le Pen: Jordan Bardella fue el candidato con más del 33% de los votos. Sin embargo, en la segunda vuelta, el Nuevo Frente Popular —una amalgama de comunistas, socialistas, ecologistas— venció con 180 escaños. Como me dijo alguien residente en Francia: «No he visto nunca a tantos magrebíes ir a votar». En el país vecino hay entre seis y siete millones de musulmanes, un 10 o 11% de la población, nadie lo sabe exactamente.

El colega Rubén Pulido, en un artículo publicado en The Epoch Times esta semana, explica que «la población musulmana en Europa ronda los 46 millones en 2025, representando aproximadamente el 6% del total continental». Ahí lo dejo.

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