Leo que un diario de tirada nacional (de papel, de los que sólo sobreviven por las inyecciones públicas) ha creado una plataforma para dar voz a los jóvenes. Andan preocupados porque —dicen— el planteamiento vital de la Generación Z es radicalmente distinto al de sus predecesores. Ese periódico, fundado en los años 80, siempre ha presumido de que su nacimiento fue el reflejo de la nueva sociedad que entonces se abría paso en España. En otras palabras, se trataba de ir de la mano de los tiempos y ellos se subieron al carro.
Cuatro décadas más tarde los vientos de la historia ya no le son favorables. Algunos perciben que están en fuera de juego y no entienden cómo es posible si siempre han ido de la mano de las élites, que ya hay que tener poca vista. A esa cabecera le ha ocurrido lo que a tantos en este cambio de ciclo, que han envejecido fatal, pues no son más que el reflejo de los intereses del poder político, del Ibex, Bruselas y el resto del establishment. Cuando informantes e informadores son indistinguibles es que están en lo mismo. De algún modo, son el Alcázar pero del 78, valga el oxímoron, aunque aquel al menos suscitaba la ira de los censores de vez en cuando.
Descendemos a los detalles y apreciamos una reacción muy extendida entre los plumillas que escriben para las élites pues, ayunos de épica, embriagan sus textos en historias canallitas del Toni 2, la aventura más loca al alcance de los defensores del status quo. Una metamorfosis que recuerda a esos hombres que rebasados los cuarenta quieren hacer lo que no hicieron con veinte y aparecen en el trabajo con chupa de cuero, moto y prisas para escaparse al gimnasio. Todo es una enorme cáscara vacía.
Seguimos con este periódico. Sostiene que Trump, Putin y Xi Jinping son los villanos de este siglo y, lo más sorprendente, es que los tres son la misma expresión de la polarización. Son parte de algo. No hay matices, sino trazo grueso en quienes llevan al menos una década presumiendo de ser los reyes de las tonalidades grises frente al avance de los populismos. Por algún motivo, jamás leemos críticas a quienes utilizan Bruselas para cerrar negocios familiares con Gazprom, misiones especiales a China, a quien además entregan la seguridad y los secretos de Estado a través de Huawei y en las carreteras imponen sus balizas.
También nos encontramos una entrevista en estas páginas -juro que todo lo publicaron el mismo día- a un experto en nacionalismos. Mezcla separatismo catalán, Trump y Brexit. Todo a la coctelera de la democracia liberal que, aunque no lo reconozcan, ya no es tal, sino una oligarquía al servicio de intereses extranjeros. Y esto es lo que defienden por más que lo sigan llamando democracia: los intereses de unos pocos frente a los de la mayoría. Valga un ejemplo: si la mayoría de los catalanes quiere independizarse debemos darles la independencia, cuestión que es legítima someter a las urnas. En cambio, quienes rechazan la invasión migratoria no sólo no pueden votar tal cosa, sino que deben quedar al margen del debate público porque necesitamos mano de obra barata. Argumento que defienden desde la patronal hasta Alberto Garzón o Pablo Iglesias, que menudos comunistas.
El caso es que el diario anuncia que en su plataforma para acercarse a los jóvenes incluye los cuatro temas que más preocupan a las nuevas generaciones: vivienda, educación, modernización del sistema político y emprendimiento. La primera tentación es creer que reconocen que se han equivocado porque han pasado de hacer reportajes sobre la radicalización de los jóvenes y llamarles «fachavales» a darles altavoz. Nada de eso. El interés de fondo es pastorearlos y reconducir su indignación hacia el mismo sistema que les ha legado un mundo sin esperanzas de formar una familia y comprar una casa.
En este primer cuarto de siglo que expira podemos extraer algunas conclusiones. Que el viejo esquema izquierda-derecha sólo sirve para apuntalar la ficción que necesita el bipartidismo para generar confusión y polarización en la calle. Que el nihilismo de las élites es rechazado por la juventud. Que han resucitado los dioses fuertes. Que el multiculturalismo ha fracasado. Y que cualquier reconstrucción deberá ser también espiritual, pues si Dios no existe, todo está permitido, como decía Dostoievski.
En España todo eso se traduce en que VOX crece frente a los palos en las ruedas (que son tantos) y las predicciones catastróficas que Michavila y Tezanos hacían hace apenas dos años. Lo que ahora vemos con nitidez —y lo que vendrá más tarde— corrobora el diagnóstico que Abascal hace tras el verano de 2014, que se resume en que Occidente ha virado al proteccionismo. Trump lo dijo a su manera en un discurso histórico ante la ONU en 2019: el futuro pertenece a los patriotas. Y ante eso, como hace el periódico sin reconocerlo, sólo cabe aceptar la derrota.