«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Nació en Madrid en 1975. Es Doctor en Periodismo por la Universidad San Pablo CEU. Ha dedicado casi toda su vida profesional a la radio. Ha publicado los libros "España no se vota" y "Defender la Verdad", "Sin miedo a nada ni a nadie" y "Autopsia al periodismo".

La medalla

6 de septiembre de 2026

El cerebro humano tiende de manera natural a simplificar las ideas que le parecen complejas. Así, si algo es malo considera que su antítesis es buena, aunque por supuesto no haya razón para que lo sea. El Partido Popular, desde su misma fundación, juega con esa tendencia cerebral para que su potencial electorado, sin tener que razonar mucho, lo vea como algo bueno para España por ser «lo contrario» al PSOE. Pero la verdad (¡tan lejos siempre de las burdas simplificaciones!) es que ni el PP es lo opuesto al PSOE, ni por lo tanto el PP es bueno para España.

El lamentable episodio de la entrega de la Medalla de Ceuta al imán de la mezquita de la M-30 es solamente un caso más que nos permite ver la auténtica identidad política de los populares. Este periódico ya informó el pasado mes de abril de que el PSOE ceutí había propuesto al conocido líder islámico Adil Mohamed para que recibiese el galardón. La propuesta pepera era otra: una organización dedicada a los cuidados paliativos. Pero, como siempre, entre defender principios o conveniencia política, el PP eligió lo segundo. Y apoyó el disparate socialista que, como siempre, sólo recibió los votos en contra de VOX.

La propuesta era una barbaridad en cualquier caso; pero en concreto, entregar la Medalla de Ceuta a un líder musulmán en plena invasión marroquí de la ciudad es más que eso. Es un acto de alta traición. Es un insulto a los ceutíes y al resto de los españoles. Es un acto cobarde e infame de sumisión española al sultán de Marruecos, al que imaginamos partido de risa mientras consulta por enésima vez los archivos de Pegasus. Es de los actos más viles e indecentes que pueda protagonizar un partido en España.

Pero si hay una seña de identidad propia del PP, además de su cobardía y pequeñez moral, es sin duda la incapacidad de rectificar y corregir sus errores. El presidente ceutí, Juan Jesús Vivas, sabiendo que sus vecinos llevan más de un mes en shock debido a la invasión de sarracenos, sin poder salir tranquilos a la calle, con los hospitales colapsados, con las playas llenas de chamizos y de mierda, tuvo el cuajo de entregar la medalla de la ciudad al imán de la M-30. Sin que se le moviera ni un pelo del bigote, y por supuesto sin que se le cayera la cara de vergüenza. Porque probablemente no la conozca.

A pocos metros del escenario donde tuvo lugar esta infamia se encontraba el líder pepero, Núñez Feijoo, al que imaginamos contemplando la escena con los ojos húmedos de la emoción. «La convivencia entre las tres religiones» y todas esas gilipolleces del mundo progre. Ninguno de sus cientos de asesores le dijo que quizá no era buena idea hacer aquello en un momento tan crítico para los ciudadanos, pero el «cagalla y jamás enmendalla» del PP no conoce límites. Antes muertos que coherentes. Y antes «demócratas de carnet» que españoles.

Llegarán las próximas elecciones generales. Y muchos españoles acudirán a las urnas pensando simplemente que «el PP es lo opuesto al PSOE, y por lo tanto es bueno». Pero no es así. Nunca ha sido así. El PP es la muleta que necesita el PSOE para romper España. Es su socio por acción y por omisión, por activa y por pasiva. Su socio fiel en Bruselas y el que respalda sus enloquecidas propuestas en España. Más claro no se lo podemos decir.

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