Luis Anchondo (México, 1983) es Doctor en Letras por la Universidad de Arizona. Como periodista ha destacado en distintos medios entre los que destacan La Retaguardia y Libros con Uasabi ambos fundados por Fernando Sánchez Dragó a quien considera uno de sus principales maestros. Por más de una década ha impartido numerosos cursos de literatura tanto española como latinoamericana en diversas universidades de Estados Unidos al igual que conferencias. Es también uno de los más importantes cervantistas del mundo cuyos descubrimientos en la obra de Don Quijote le han valido un merecido reconocimiento internacional.
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Luis Anchondo (México, 1983) es Doctor en Letras por la Universidad de Arizona. Como periodista ha destacado en distintos medios entre los que destacan La Retaguardia y Libros con Uasabi ambos fundados por Fernando Sánchez Dragó a quien considera uno de sus principales maestros. Por más de una década ha impartido numerosos cursos de literatura tanto española como latinoamericana en diversas universidades de Estados Unidos al igual que conferencias. Es también uno de los más importantes cervantistas del mundo cuyos descubrimientos en la obra de Don Quijote le han valido un merecido reconocimiento internacional.

Durante este año hemos visto como el coronavirus se ha llevado un sinfín de vidas (hasta este momento, 270.000 en los Estados Unidos), pero también hemos sido testigos de cómo el Partido Demócrata, sobre todo en los estados que gobierna, ha politizado tanto este problema que ha causado la pérdida de la libertad individual de los ciudadanos para celebrar sus tradiciones religiosas.

Uno de los principales objetivos de la izquierda es borrar todo dogma de carácter religioso. Recordemos la famosa y trillada frase de Karl Marx “la religión es el opio del pueblo”. A mi parecer no hay nada más terrible que tratar de erradicar la religión ya que eso es lo que nos vuelve humanos y no unas simples máquinas al servicio de un sistema político. 

La religión, cuya etimología proviene de “religar”, hace precisamente eso. Vuelve a juntar al ser humano con el mundo metafísico, el mundo de las ideas platónico o el mundo de los arquetipos de Jung por llamarlo de alguna manera, algo que nos hace ser más compasivos pero sobre todo algo que nos hace sentir que hay algo más allá que un puro e insignificante sistema político que busca el control total de los ciudadanos como lo es la izquierda. 

Créanme si les digo que no es posible tener una celebración familiar y religiosa pacífica si hay entre los asistentes simpatizantes demócratas

Lo primero que lleva a cabo dicho sistema político es terminar con todo rito religioso, algo que ya estamos viendo en Estados Unidos donde con la excusa del coronavirus, el Partido Demócrata ha prohibido en ciertos estados las reuniones religiosas. En lo personal, como millones de estadounidenses, viví esta prohibición el pasado Día de Acción de Gracias en donde se suprimieron celebraciones de más de un cierto número de personas y que debían de terminar antes de las diez de la noche ya que a esa hora empezó un estricto toque de queda. A toda persona que anduviera en la calle después de esa hora recibiría, al menos en la ciudad en la que vivo, una multa de 500 dólares. Este fue un Día de Acción de Gracias bastante extraño dominado por el miedo. El resultado es que muchas personas prefirieron quedarse aisladas, algo también sumamente conveniente para la izquierda y el control que quiere ejercer sobre los ciudadanos.

Justo cuando son más necesarias este tipo de reuniones debido a las épocas tan terribles por las que estamos pasando, más se nos prohíben. Es tanto el control que el Partido Demócrata está ejerciendo sobre los ciudadanos que ya hasta es casi ilegal juntarse a darle gracias a Dios por estar vivos y por estar en familia. La Prensa también se ha encargado de crear un odio terrible hacia las personas de derechas. Créanme si les digo que no es posible tener una celebración familiar y religiosa pacífica si hay entre los asistentes simpatizantes demócratas. Les aseguro que  muy pocos cuentan con la tolerancia necesaria para aceptar un punto de vista distinto al de ellos. 

Así como vamos, les aseguro que ya la Navidad tampoco volverá a ser la misma. Los demócratas tratarán de que desaparezca este año con la excusa del coronavirus. Si Biden llega ser oficialmente presidente y el coronavirus deja de ser una amenaza (por las vacunas que empezarán a distribuirse gracias al presidente Trump), el año que viene pervertirán el lenguaje de a innecesaria corrección política para que el sustantivo “Navidad” desaparezca del diccionario. Quizás digan que celebrarla discrimina a otras religiones o que festejar el nacimiento de un Dios masculino, el cual por el sólo hecho de ser varón, es símbolo de opresión. Vaya usted a saber qué tontería políticamente correcta se inventarán. El filósofo Ludwig Wittgenstein decía que el lenguaje construye realidades, que las palabras eran como herramientas para erigir la realidad. La palabra religión y todo lo que conlleva no cabe en lo absoluto en la realidad que la izquierda quiere edificar en la que el único dogma permitido es el que promuevan sus lideres políticos. 

La religión es el alma de un pueblo; lo que lo sostiene y no hace de sus ciudadanos simples maquinas al servicio de un sistema político comunista

El presidente Trump tenía razón cuando en sus mítines decía que si Joe Biden ganaba las elecciones perderíamos nuestro tradicional Día de Acción de Gracias y Navidad, algo que ya estamos viendo este año. En lo que parecen ser las últimas semanas del presidente —lo digo con un mal sabor de boca ya que a pesar de las evidencias de irregularidades electorales que diariamente su equipo de abogados presenta gente cercana a él como el Procurador General de Justicia William Barr y el Líder del Senado Mitch McConnell están ya hablando de “una nueva administración”—, Trump ha permitido que aún miles de personas puedan congregarse este año en festividades religiosas a pesar del enojo de ciertos gobernadores demócratas.

Un ejemplo de ello fue en el estado de Nueva York. Su gobernador, Andrew Cuomo, quiso poner límites al número de personas que se podían juntar para un servicio religioso. El caso llegó a la Corte Suprema donde por votación se decidió que el gobernador no tenía ningún derecho a violar así las libertades individuales de los ciudadanos. Muchos hemos contemplado este aviso como lo que puede pasar si es que las acusaciones de fraude electoral por parte del presidente Trump llegan a la Corte Suprema y ahí, gracias a la mayoría de jueces republicanos, se vote a favor del presidente y se reelija oficialmente a Donald Trump como presidente de los Estados Unidos de América por otros cuatro años.

Si esto no ocurre así, sospecho que la Navidad y el Día de Acción de Gracias pasarán a la historia, al menos en los próximos cuatro años de presidencia de Biden. Confío en que si Trump “pierde” estás elecciones se presente con un enorme éxito a las del 2024. Aguantemos cuatro años de correcciones políticas innecesarias dignas de un sistema globalista de izquierdas que quiere acabar con las libertades individuales de los ciudadanos.   

La religión no es el opio del pueblo, la religión es el alma de un pueblo; lo que lo sostiene y no hace de sus ciudadanos simples maquinas al servicio de un sistema político comunista. Occidente se formó bajo la creencia judeo-cristiana de un sólo Dios, es lo que nos une no nada más como personas sino como hermanos, el centro de la Iberosfera. No permitamos que nos quiten nuestra libertad de credo y expresión.

God Bless America! ¡Y también la Iberosfera!

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